Ivette Estrada
Al heredero de la luz, materializado con polvo de estrellas, le dieron un pliego con diez recomendaciones de vida. Son éstas:
- Amarás a Dios sobre todas las personas y cosas, porque es la única creencia que te permitirá subsistir cuando tu mundo y filias se derrumben.
- No tomarás el nombre de Dios en vano. El único instrumento que posees para cambiar la realidad es tu percepción y ésta se determina por las palabras que empleas. Cuando cada vocablo e idea que emites está plagada de tu verdad, tiene el don de transformar lo que llamamos realidad. Por eso rehúsa mentir, porque limitas tu propia capacidad creadora.
- Santificarás las fiestas. Cuando confieres un halo de divinidad u ofrenda a Dios en todo acto, por pueril o pagano que parezca, conviertes en consciencia cada acción y cada momento se vuelve relevante y trascendental en tu vida.
- Honrarás a tu padrea y a tu madre. Alaba tus raíces y haz que tus ancestros se alborocen de que eres digno de consideración y amor en esta realidad tridimensional.
- No matarás. Tus manos son para crear y enaltecer la vida, todos los seres del reino animal y vegetal requieres tu consideración y aprecio.
- No cometerás actos impuros. Es decir, contrarias a la esencia de la verdad y el amor. No harás nada que contradiga tus valores, porque será atentar contra ti mismo.
- No robarás. Porque quitar lo que pertenece a otro es asumir que tú no puedes lograrlo. Todo lo que anhelas ya lo tienes, no necesitas despojar a otros de sus bienes.
- No dirás falsos testimonios ni mentiras. Eso socava tu propio poder de realización y creación.
- No consentirás pensamientos, ni deseos impuros. La pureza es lo que eres. No puedes contravenir tus valores y juicios, no debes ser desleal contigo mismo. Y eso implica desdeñar a quien te hace dudar de tu poder y logros. Eres magia y perfección. No lo olvides.
- No codiciarás los bienes ajenos. Querer las posesiones o realidad de otro te limita y “abolla” tu propia realización y brillo. Opaca tu poder y debilita tu autoconcepto, el único signo verdadero de poder.















