Carlos Ramos Padilla / @cramospadilla

A horas de llegar procedente de la Casa Blanca, AMLO se burló del gobierno de los Estados Unidos usando a Chico Che como intérprete de ¡uuuuy que miedo! Y lanzó dos advertencias: a las fiestas patrias mexicanas invitó a quien su gana la da incluyendo a familiares de Julián Assange y que, aprovechando la fiesta cívica más importante para México, respondería a los estadounidenses con sus condiciones comerciales para seguirnos entendiendo.

Pues los vecinos norteños reaccionaron y a días del grito de Independencia decidieron visitarnos, enviaron ni más ni menos que al secretario de Estado, Antony Blinken, un funcionario que implementa la política exterior del gobierno de los Estados Unidos. El titular del cargo es uno de los miembros de más alto rango del gabinete del presidente y ocupa el primer lugar en la línea de sucesión presidencial de Estados Unidos entre los secretarios del gabinete.

Ni más ni menos. Vino a platicar con nuestros burócratas. Ebrard fue el vaso comunicante y el corre ve y dile de AMLO. La orden fue directa: no habrá condiciones ni mensaje de AMLO, y AMLO se volvió a doblar, pero para aterciopelar la decisión el Ejecutivo se concentró en explicarnos lo mal que esta el mundo y lo inoperante de organismos como la ONU.

Así pues, el mandatario mexicano representa el silencio del inocente. El tabasqueño continúa empeñándose en ser el mártir/caudillo de América Latina. No le bastó el año pasado recibir al presidente cubano para rendirle honores el día de nuestra Independencia, fracasó en el intento de desaparecer a la OEA, boicotear la Cumbre de las Américas y derrumbar a la Estatua de la Libertad.

Los tratados comerciales, en este caso trilateral, no se compactan por caprichos populistas y demagogos. Se fundamentan en estudios profundos de economía, distribución, densidad poblacional, geografía, inversiones y política. Las rutas comerciales deben definirse y los incisos cumplirse al pie de lo firmado.

Se entiende también como bloques que equilibren y contrarresten a otros tratados en otras regiones e intercambiar servicios y mercancías propias de la zona. A esos poderosos hombres de negocios que administran los bienes de naciones como Estados Unidos o Canadá les vale un pepino el Chico Che y las reducidas burlas de un tabasqueño en el poder. Blinken no vino ni a vacacionar ni a pretender acercamiento con AMLO.

Piso tierra mexicana para defender sus intereses y recordarle a AMLO el trato y conversaciones que recibió durante su estadía en Washington. Nada más faltó una llamada de Kamala Harris.

México está perdiendo millones de dólares por la torpeza del aeropuerto Felipe Ángeles, bajar a dos la categoría de seguridad aérea en el país y reducir las rutas y vuelos desde y para los Estados Unidos, el socio comercial más importante en Norteamérica.

Suficiente es con el seguimiento que le aplican a Marcelo Ebrard en un archivo conocido como Chinese Man, que da cuenta del coqueteo del gobierno mexicano con los asiáticos.

Así, AMLO guardará silencio porque dice que “cambio de opinión” la realidad es que le cambiaron de opinión dos acciones totalmente diferentes. Para AMLO estos dos años, los que vienen, no serán fácil ni dóciles. Los mensajes desde la Sala Oval han sido y serán contundentes.