Carlos Ramos Padilla

Ayúdeme a entender: para el gobierno de AMLO los anteriores, los expresidentes en específico, son los culpables de toda irregularidad y deben, tienen que ser enjuiciados por las multitudes y sancionados moral y legalmente.

Pero en su administración AMLO perdona y tolera todo desde la corrupción de su hermano, el enriquecimiento de sus colaboradores como Ackerman, la ineficiencia de su equipo de trabajo, la liberación de reos y sicarios hasta la impunidad de los responsables de la tragedia, diría varias, en el Metro.

Se cumplen dos años del “culiacanazo” y no hay siquiera un indicio de que se haya implementado un operativo siquiera para detenerlo menos extraditarlo. Los daños a la nación por la orden de AMLO para liberarlo son de consecuencias gravísimas.

Es necesario revisar las videograbaciones del sufrimiento social que erosionó a Culiacán para entender la dimensión de la penetración del crimen organizado. Aplicar la ley a juicio de los intereses del poder desmorona al Estado de Derecho. Ovidio Guzman, incluso al ser detenido, giraba órdenes a través de un celular.

Pero el peor reflejo de la inmoralidad (usando el mismo calificativo que uso AMLO en el caso Lozoya) fue el encuentro del presidente con la mamá del chapo. El Ejecutivo es particular se ha dedicado a bombardear al INE y a Lorenzo Córdova proporcionando elementos a la percepción colectiva para suponer que los delincuentes intervinieron seriamente en la jornada electoral.

El mismo presidente se ha negado a escuchar a quienes argumentos y pruebas como el caso de Silviano Aureoles. Ahora resulta una burla las conclusiones que se han determinado para el colapso del Metro en Tláhuac, nada más eso, porque ya olvidaron los accidentes de los trenes y el incendio en las instalaciones del centro de control.

Ebrard y Sheinbaum se han lucido, uno inaugurando la Línea 12, la otra Sheinbaum con los Segundos niveles de periférico, recibiendo aplausos, primeras plana y declaraciones triunfalistas, pero cuando hay accidentes y muertos son los empleados de tercer nivel los que ocasionaron las tragedias por “una mala soldadura”.

Y pregunto y cómo para que protestan cumplir con la ley si después buscan el autoexilio para evitar detenciones (¿o qué lo que ocurrió con Ebrard cuando se fugó a Francia no fue la misma actitud de Lozoya cuando escapó a España, ambos acusados de abuso y defraudación?).

Hay 26 muertos en él me trazó, hay 300 mil defunciones por la pandemia y el presidente ocupado en sembrar arbolito y dejar que la ley solo se endurezca con sus adversarios (que él ve cómo enemigos). Y a todo esto resulta que AMLO busca ser e abanderado en la lucha contra la corrupción al presentarse en la ONU ante el sonoro silencio y complacencia de Juan Ramón de la Fuente.

Esta semana fuimos mal calificados por organismos internacionales y con un durísimo artículo de Le Monde. Pero aquí todo está requetebién, perfilando AMLO a sus incondicionales para que le cubran sus pifias y ocurrencias como la reforma eléctrica que nos hacen retroceder décadas en el desarrollo frente al resto del mundo.

Que absurdo dictamen sobre el Metro entregarán a los deudos de Tláhuac mientras Sheinbaum para quedar bien con su patrón ya se dedica a jugar al béisbol. Ayúdenme a entender.

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