Carlos Ramos Padilla

Hemos constatado la serie de burlas y críticas mundiales, no al gobierno, sino a López Obrador, por su extraña ocurrencia de vender una flotilla de aviones militares, incluyendo al Transportación Presidencial 01. No hubo posibilidad de llegar a un arreglo económico con alguien y pues la segunda puntada: rifarlo.

No importa si se violentan las normas reguladoras de la Lotería Nacional, lo dice el presidente y se cumple. Algo así como, ¿Qué horas son? Las que usted diga señor Presidente. O más fácil, ¡los cocodrilos vuelan! ¿Qué estúpido lo dijo? El presidente, ahhh bueno se elevan como un metro cuando agarran velocidad. Este tipo de imposiciones con la complacencia de burócratas incondicionales y sumisos son los que desorientan, pero alejan la confianza, aquí si al gobierno y al país.

Pero mientras se rifan aeronaves, se está llegando a una negociación para comprar otras. Se trata de helicópteros militares y a Rusia. Esto lo aseguró el canciller ruso Serguéi Lavrov el pasado jueves. Y vuelven las confrontaciones. ¿Qué no dijo AMLO que si por él fuera desaparecería al Ejército Mexicano? Pues asómbrese al parecer el lote de aeronaves será de 50.

Y otro tropiezo, el presidente había declarado que cancelaría la compra de ocho helicópteros militares a Estados Unidos bajo el argumento de la reducción de costos. Ahora bien, la pregunta evidente es para qué helicópteros militares rusos si hemos visto que a sicarios como Ovidio se les libera y se sostiene que los narcotraficantes también son “gente del pueblo”.

Señala el presidente que no habrá represión contra nadie “abrazos no balazos” ¿entonces? Tenemos como nación una descarada falta de medicamentos, pero ¿Ebrard se acerca a los rusos para la adquisición de armas y aeronaves? Toda vez se entiende menos que camino sigue el país y eso es verdaderamente preocupante.

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