Carlos Ramos Padilla

Biden intenta dar nuevo y fuerte impulso a Estados Unidos. El viaje a Guatemala y México de Kamala dictó un entendimiento distinto con ambas naciones. Curioso, en Guatemala, Harris felicitó los esfuerzos en la lucha contra la corrupción, en México ni una mención. Luego de recibir los respectivos reportes de Kamala, Joe Biden se prepara para reunirse con sus aliados (los británicos y la OTAN) y su adversario: Vladimir Putin.

Biden no hablará de sembrar arbolitos o de rifas de aviones, tratará sobre la geopolítica que mueve al mundo e intentará enderezar la conducta rusa después de la serie de divulgaciones sobre los negocios económicos y políticos del mandamás ruso con Putin.

Es urgente para el mundo tratar en lo inmediato tres temas: migración, política migratoria y recomposición económica aún con una pandemia que no cede pero que ha perdido fortaleza y penetración. No hay duda, los estadounidenses están vigilantes de los cuatro puntos cardinales. Observan y actúan y Kamala es una pieza esencial, importantísima y definitoria.

Al tiempo se considera será la próxima presidente de Estados Unidos y su trayectoria para ello es impecable e impactante. La mancuerna Biden/Harris seguramente perfilarán plataformas de diálogo mucho más prudentes y adecuadas que las atrocidades que heredó el magnate incómodo Trump.

Con respeto a México, al gobierno de Biden le conviene tener un vecino activo, con inversiones, que incremente los índices de empleo, con un control real de la delincuencia y la disminución de programas populistas que no ayudan al desarrollo y a la competitividad.

Ellos, los del norte, han medido y muy bien los alcances y puntos vulnerables de AMLO (en lo personal) y de su gobierno incluyendo a los personajes de la élite política. A nadie conviene un país en permanente decrecimiento, con una pandemia ajustada más a presiones políticas que a efectividad, con grupos delincuenciales que mandan en más del 35% del territorio y con un radicalismo y confrontación en toda la geografía.

Biden quiere entenderse, y lo hace, con estadistas, no con ocurrentes improvisados. Biden habrá de voltear a todo aquel que en su estatura le ofrezca programas en común que fomenten educación y tecnología. Están los estadounidenses hambrientos de seguir como líderes mundiales, de crecer el número de Premios Nobel, de llegar más lejos en el espacio sideral, de emprender decisiones para evitar una catástrofe global en materia de protección ambiental.

En la sala oval no tienen interés, tiempo y calendario para aquellos que todo el día y cada mañana emprenden ataques contra sus instituciones y personajes. Quieren fomentar la unidad, el nacionalismo y la integración doméstica y mundial. Pasaron sus elecciones reconociendo triunfos y derrotas y nunca cuestionando a sus autoridades electorales.

Ya superaron el pasado de Trump porque están (así lo decidieron) en la era Biden y a él, no al pasado, hay que exigirle. No tienen tiempo para discutir tres días seguidos si el presidente se bolea o no los zapatos porque tienen protocolos, educación, cultura y respeto a los demás, vamos son cínicamente pulcros.

Así que Biden tiene agenda entera y completa, no desatendió a México, pero él, él se va mejor a entender con los de su tamaño.

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