Carlos Ramos Padilla

AMLO, de siempre, nos quiere hacer creer que nunca pierde, aunque pierda. Si no gana elecciones grita fraude; si tropieza en sus ocurrencias es compló; si intenta imponer sus condiciones es para defender al país del pasado; si recibe críticas fundamentadas se trata de una campaña de desprestigio generada por conservadores; si la gente se manifiesta en su contra son “fifís o pirruris”; en fin, nunca se equivoca, nunca reconoce errores.

Esto nuevamente ocurrió con la multimencionada consulta que el mismo ideó, promovió e impuso. Quiso medir su poder, evaluar las gestiones anteriores y legitimar su gobierno con un aval social para enjuiciar a expresidentes. Nada logro. Para su egolatría y arrogancia la poca participación (sólo un 7%) fue un baño de agua fría, la gente no le respondió, perdió incondicionales, los 33 millones que le dieron fuerza a electoral se hicieron añicos, se observó a gente de Morena “embarazando” urnas.

La población desea alejarse de rencores, amarguras y venganzas. Los señalamientos y acusaciones de AMLO contra los expresidentes, por carecer de fundamentos legales, consistencia y credibilidad, no funcionaron. Sus actos viscerales tuvieron eco, a la gente no le importó. Ahora la legitimación de su gobierno se debilitó como ocurrió de igual manera el 6 de junio.

Perder a la CDMX como sucedió teniendo como gobernante a su servil Sheinbaum le mostró que su músculo es más débil de lo que él mismo creía. Entrar también se ha convertido en un problema, en un punto de conflicto porque debe muchas explicaciones a la sociedad y porque AMLO comprobó que dentro de su equipo de confianza es un gallo de pelea en el que no se puede confiar. Atacó y operó para discapacitar a Sheinbaum.

El presidente presume que la “consulta” tuvo éxito porque superó en participación a otras anteriores. Vaya discurso sin articulación. Nada le debe haber gustado saber que las casillas estaban vacías y que el pueblo sabio no lo considera su mesías. Todos sabemos que cuando acusa al pasado y habla de corrupción, dentro de su gabinete y familia se encuentran personajes que participaron precisamente de lo que a él aparentemente le molesta: las irregularidades.

La “consulta” nos costó a todos los mexicanos muchos millones de pesos cuando transitamos por una grave crisis por la pandemia, desbasto del medicamentos, desempleo, inflación y violencia. Los desatinos y contradicciones de AMLO levantan sospechas.

Abandonó a las víctimas del colapso del Metro argumentando que no se prestaría a espectáculos fotográficos del pasado, pero aprovecha las mañaneras para felicitar a los atletas que participan en los Olímpicos. Deja en libertad a Ovidio Guzmán y dice tener la conciencia tranquila cuando visita por tercera ocasión Badiraguato, pero no asiste a los hospitales a auxiliar a los niños con cáncer terminal sin asistencia médica.

Pide enjuiciar a otros, los adversarios, pero protege a los suyos sin miramiento alguno. Juega con las palabras y a las tranzas económicas sin reporte al SAT las llama “aportaciones”. Eso y más se midió en los dos procesos últimos (junio y agosto) que se han llevado a efecto. Lo hemos dicho y sostenido, se está quedando solo, esta solo y seguirá solo.

Ya han muestras de que miembros de su equipo de gobierno han renunciado por su autoritarismo y cada día crece más la percepción de que su preocupación está vinculada a defender a grupos criminales que a la sociedad. La Comisión Nacional de Derechos Humanos es una de tantas muestras de en qué forma coloca a sus preferidos como pago de facturas políticas o también le preguntamos a Delfina Gómez.

Hoy guardan silencio los cada día menos individuos que todo le perdonan y actual bajo el mismo patrón de ataque, descalificaciones e insultos a los demás. La gente ya se casó de la diatriba de que todos los periodistas críticos son “chayoteros” cuando observamos el enorme presupuesto que le otorga a Epigmenio Ibarra, Carmen Aristegui o La Jornada.

El pueblo detesta que sus paténtenla este haciendo negocios en el gobierno o que personajes como Irma Eréndira y Ackerman se ven envueltos en sospechas de enriquecimiento inexplicable, pero desde sus tribunas protejan a otros como a Bartlett o Romero Deschamps. La comunidad reprueba que, a todo cuestionamiento a AMLO, este de manera agresiva responda que no “caerá en provocaciones”.

Nos estamos dando cuenta todos, simpatizantes o no de la 4aT que el país no tiene rumbo y que los pobres están perdiendo más que ganando. Ya les arrebataron las guarderías, los recursos a fideicomisos, el seguro popular, las tarifas de energéticos para arriba, los precios de comestibles al alza, el desempleo con números y cifras negativas y muchos de escasos recursos son víctimas de rateros y secuestradores en el transporte público.

No todos los mexicanos somos las “adelitas” patrocinadas para apoyar bloqueos a reformas estructurales. No todos los mexicanos formamos parte de un partido político que se conduce peor que aquellos levantadedos del pasado. No todos los mexicanos creemos que la ley se pone a disposición de caprichos y venganzas.

El ministro Zaldívar que ha estado nadando en el pantano de desprestigio ahora debe darse cuenta de que está del lado equivocado. AMLO tendrá que enfrentarse a la sociedad en el proceso que él mismo también impulsó: la revocación del mandato. Vemos entonces que el tablero de ajedrez se está moviendo y por lo pronto a AMLO ya le comieron a su reina, acosan a su arfil y está esquinado casi en jaque.

Pero para que no se confunda, en términos de béisbol, ya les poncharon a dos por el caso del Metro, lleva dos strikes, conteo negativo, un estadio con 7% de aficionados, aunque él piense que se ve lleno, subestimando al pitcher y con un abucheo general, como el que ya recibió al principio de su gestión vistiendo la chamarra de los Diablos Rojos al Inaugurar, acompaño por Ana Gabriela Guevara, su estadio allá por marzo del 2019.