Carlos Ramos Padilla / @cramospadilla

Sin duda alguna, desde que se hackeó al Ejército y se publicó el libro “El Rey del Cash”, AMLO se ha dedicado a distraer (su deporte favorito) y a evadir. Luego del matrimonio de Cesar Yáñez mostrando billete y opulencia la respuesta de AMLO fue “la señora es la del dinero” misma aseveración cuando se conoció la forma de vida de su hijo José Ramon en Houston.

En estos días se ha convertido hasta en “destapador” de los que supone son precandidatos de la oposición que frívolamente les califica de conservadores. Nada dice, nada contesta y continúa vigente la pregunta: ¿De que vivió antes de tener presupuesto por el registro de Morena?

Muchos, grave error, le creyeron que en la bolsa sólo traía consigo 200 pesos y no tener historial crediticio ni cuántas bancarias. Dónde dormía, ¿Quién pagaba sus comidas?, ¿Quién mantenía a su familia, y los gastos y viáticos en sus giras nacionales? Pero no contesta, insisto lanza mentiras como “lo hace el pueblo bueno y sabio”.

¿Quién pagaba y de dónde los eventos proselitistas? ¿El acarreo de personas, su transportación, impresos, banderines, boletos de avión o camionetas? Pero
No explica. Podemos suponer el valor económico de un evento masivo desde la contratación del equipo de sonido hasta el hospedaje. Pero no clarifica.

José Antonio Meade en un debate presidencial lo exhibió con sus departamentos. Su salida: “no tengo, ya los heredé a mis hijos”. Nadie cuestionó, nadie confrontó. Era importante saber que había sucedido con esas propiedades, pero más cómo las adquirió si no contaba con salario, recursos, ahorros y apoyo crediticia.

Todo lo expuesto en el libro de Elena Chávez cuadra con los testimonios, aunque el tabasqueño pida pruebas. Un par de ejemplos; Eva Cadena y su hermano Pío recibiendo dinero en efectivo. Igual que Bejarano o Carlos Imaz. ¿Otra prueba?

Delfina Gómez extorsionando a los pobres y robándoles parte de sus salarios en efectivo y con porcentaje para el movimiento. Pero AMLO dice que los conservadores lo acorralan por ser generoso y honesto, pero no responde.

Es y ha sido un político que gran parte de su vida no ha contribuido al país con impuestos y mantiene activos y cercanos a colaboradores que viven descaradamente en la riqueza, pero sus declaraciones patrimoniales no coinciden. Pero AMLO evade. No ha mostrado estatura ni ánimo moral para exigir a personajes como Alejandro Encinas acabar con el nepotismo.

AMLO está pagando favores y complicidades. Calla cuando se le cuestiona por la treintena de muertes en la administración de Florencia Serranía en el Metro y se dedica a apoyar a Claudia Sheinbaum ante la tragedia del desplome de la Línea Dorada, corrupción detectada desde el ejercicio administrativo de Ebrard y Mario Delgado. Pero en los labios del presidente hay hermetismo, silencio, evasión.

A preguntas directas manifiesta que tiene otros datos, pero no lo ofrece. Lo que está provocando es que todos aquellos a los que ha traicionado (no son pocos) empiecen a aportar pruebas de lo que todos sospechamos: graves ilícitos. En breve la relación del crimen organizado con el gobierno será expuesta. Desafiar a Estados Unidos por apoyar a Putin revelara documentos por parte de los cuerpos de inteligencia extranjeros que dejarán al hackeó a la Sedena como mero experimento de primaria. La información que están proporcionando los detenidos es Estados Unidos como García Luna o Joaquín Guzmán están integrando archivos muy abundantes. Pero AMLO no responde. El no, pero la nación si lo hará, está llegando el tiempo.