Carlos Ramos Padilla

Hoy nos enteramos ya de manera confirmada lo que se sabía en la vox populi, me refiero a la serie de abusos psicológicos y sexuales contra niños perpetrados por los Legionarios de Cristo. Se dan a conocer cifras espeluznantes, más de 175 niños ultrajados y de estos, alrededor de 60 bajo las perversidades y desviaciones de Marcial Maciel, un sujeto despreciable que ahora pone en duda hasta la integridad de Juan Pablo II, su protector sólo para cubrir intereses financieros del Vaticano.

Es impresionante como esos personajes pueden engañar a multitudes. Juan Pablo II no sólo fue bien recibido en tierras mexicanas, puedo decir que se le adoraba. “México siempre fiel”, “ya puedo decir que el Papa es mexicano” frases que se quedaron en la memoria histórica de la nación cuando Maciel se hincaba ante el polaco y le besaba el anillo pontificio.

Y de igual manera, el actual Bergolio se presentó en la Catedral Metropolitana a dar un rudo sermón a los ensotanados abusadores frente ni más ni menos que a Norberto Rivera Carrera. Y entonces lo dije en radio y hoy lo repito, Bergolio vino a reprender a los pederastas, pero no denunció, no se atrevió a llevar ante la justicia a ningún miembro de la grey católica con denuncias por violar a niños.

Es abiertamente reprobable que en nombre de Dios se practiquen las más ruines y sucias conductas humanas a niños inocentes y luego estos descarados sujetos son los que dan guía moral en el púlpito y peor aún, confiesan a los creyentes y les imponen sanciones divinas por los pecados cometidos.

 Empiezan a salir a la luz pública sus perversiones, la humillante manera en que dejaron cicatrizados a muchos niños de por vida, vaya ironía, en el alma. Y ¿Cuántas mujeres, monjas, son cómplices de estas atrocidades? ¿Cuántas, crucifijo en mano, colocaron a los menores en las habitaciones de sus superiores? Operaron el Infierno en muchos niños, aquellos que llegaron ahí, como siempre, ligados a la orfandad, al hambre y a la necesidad de buscar protección.

Pero las bendiciones para esto venían desde la Santa Sede. Desde ahí se permitían, se toleraban y se escondían. Juan Pablo II obligadamente tuvo que estar informado de lo que ocurría con Maciel y lo Legionarios porque se ventilaba en los medios de comunicación. Pero son más importantes los intereses políticos y financieros de aquellos que en nombre de Cristo pregonan la humildad y la pobreza, aquellos que levantan la ostia para ofrecerla al mundo por los sacrificios del Hijo de Dios.

Esos que bajo la sotana guardaban los más despreciables comportamientos mientras bendicen el ceremonial de la eucaristía, total, mientras no fueran descubiertos de la manera más cínica predicaban “podéis ir en paz, la misa ha terminado”. Y vaya desatino todo esto se da a conocer en la víspera de la Navidad.

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