Carlos Ramos Padilla

Entramos a una etapa inédita, de excepción, rara. No sólo porque la CDMX está parcialmente paralizada, diríamos semivacía, sino porque casi todo está cerrado. Es como una ciudad en abandono, sin actividad, cortada en su vida. Impensable algún día ver los centros comerciales no ausentes, inexistentes. Los restaurantes cerrados, en las tiendas de autoservicio con cuidados sanitarios sin precedentes (tapabocas, jabón, gel, guantes). Poca gente en la vía pública.

Creciente número de ambulantes vendiendo “tapabocas” pirata. Patrullas con auto parlantes invitando al aislamiento. Políticos y gobernantes que hace unos días se mofaban de la pandemia hoy desesperados no saben cómo impedir las infecciones. Escuelas vacías, iglesias cerradas, gimnasios sin atletas, prohibición a ingresar al campus universitario. Silencio, la capital ya no tiene el murmullo cotidiano, increíble, pero nos despiertan las aves.

Pero se vislumbra una etapa económica muy severa. Si nos sorprendíamos con un crecimiento del 7% del PIB en China, este año en México tendremos, según especialistas MENOS 8% no únicamente por la pandemia, sino por dos elementos más, una muy mala manejada “austeridad republicana” y el estancamiento del año pasado.

El desempleo será una prioridad a atender y de manera urgente. No habrá tiempo para explicaciones ni discursos, la dinámica productiva tiene que engrasarse y echarse a andar de inmediato y mecanismos y estrategias existen sólo falta voluntad política. Hay que escuchar a los científicos para la infección, pero a los doctos en economía y finanzas para llamar a los emprendedores, ocupar a la gente, llenar sus bolsillos y darles nutrientes.

Ahí están las instituciones académicas para apoyar. No todo el país está compuesto por ciudades, el campo y su gente es importante. Sus animales están muriendo, sus granos no se venden, sus productos no se compran. Y esto va desde agricultores hasta artesanos. Y no vemos medidas adicionales para auxiliarlos.

La economía ocupa y preocupa, no hay que descuidarla. Cada país, cada gobierno verá sólo por los suyos, pero cualquier medida tiene el impacto más allá de lo internacional, diría, en lo universal. Esperemos que este domingo el gobierno federal en verdad presente alternativas serias y coherentes.

Recordemos, con el hambre, con la necesidad, con la ausencia de satisfactores no se juega y a contrapelo de lo que dice AMLO, esto no es transitorio, es definitivo y las políticas públicas tendrán que mejorarse, ser más justas, ser más certeras.

Ojalá y no empecemos a competir en número entre los infectados por el virus y el número de desempleados. ¡Y luego de la reunión que los empresarios tuvieron con el presidente quedaron de revisar los planes hasta después de Semana Santa, vaya preocupación que tienen, es emergencia y no lo entienden!