Aidé Rivera

Directora de Mujeres empoderando mujeres

La inclusión es fundamental para mejorar la paridad de género y la diversidad general. Da como resultado el rendimiento financiero y organizacional. Aunque

la diversidad de género es el núcleo de las políticas y acciones de diversidad, las organizaciones vanguardistas optan por la cultura inclusiva. Es decir, mentalidades y procesos para garantizar el sentido de pertenencia en todos los empleados. Así, optan por una amplia definición de diversidad que incluye no sólo el género, sino también etnia, identidad y orientación sexual, pero también religión, discapacidad y variedad en los antecedentes y experiencias educativas.

Se trata de tres dimensiones en las que se genera apertura, igualdad y pertenencia. Es decir, que se trata de una empresa donde es seguro expresar pensamientos, ideas e inquietudes. Pero también existe la percepción de equidad e igualdad de oportunidades. La otra característica se refiere a tener una conexión positiva entre sí y con la organización.

En general, la inclusión es un factor diferenciador clave para retener y desarrollar todos los talentos en su camino a la cima. Las empresas no sólo necesitan construir una cultura de apoyo a la diversidad, sino que necesitan ponerse en el camino de la inclusión para prosperar en el futuro. Esto significa ser capaz de capturar las expectativas cambiantes de los consumidores, pero también atraer a nuevas generaciones de empleados.

Estas transformaciones requieren tiempo y esfuerzo sostenido, pero son necesarias para abordar los desafíos de diversidad. La incorporación de comportamientos inclusivos, al mismo tiempo que se trabaja en sistemas y procesos, puede ayudar a las organizaciones a dar un salto cuántico hacia la verdadera diversidad. Y, por ende, al incremento de posibilidades de innovación y herramientas eficientes para conectar verdaderamente con los distintos grupos de interés empresarial.

Sin embargo, existe una reticencia natural a romper los silos tradicionales en la organización. Y ante ello, ¿cómo comenzar a promover una cultura de inclusión? El primer paso es generar equipos multidisciplinarios de trabajo. Aunque pueden generar cierta incomodidad al inicio, esta manera de trabajar amplía las perspectivas de la compañía a las soluciones clásicas o estandarizadas, por lo que puede convertirse en el área de investigación y desarrollo y sobre la marcha incorporar diversas variables en el grupo, como miembros de ambos sexos, de distintas generaciones o grupos de edades, un amplio abanico de creencias religiosas y otras.

Otra acción esencial para alimentar la inclusión tiene que ver con la capacidad de la empresa de generar una cultura de aprendizaje e innovación continua. Acciones tendientes a escuchar opiniones y aportaciones de manera sistemática y real aportan a la concientización de inclusión laboral.

No sólo debemos considerar el género como el total de acciones de diversidad laboral. Tenemos que partir del respeto a cada miembro del equipo para que genere su máximo desempeño y riqueza.