• La falta de experiencia en comunicación social, así como la no definición de la narrativa de gobierno, está dañando al presidente
  • Andrés Manuel López Obrador, nunca planeo una evolución comunicacional para el gobierno: especialista

Arturo Suárez Ramírez

Con el inicio del periodo presidencial de Andrés Manuel López Obrador, se ha retomado el ejercicio de las conferencias de prensa, conocidas como “mañaneras”, y que utilizó como instrumento para fijar la agenda política y mediática cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en el 2000.

Aunque se presenta como una posibilidad para que los periodistas tengan cercanía con el mandatario e información directa, el abuso y la sobreexposición a los medios de comunicación, el cansancio de la repetición de los discursos, las frases de confrontación, la improvisación y la falta de estrategia en el rubro, le comienza a cobrar la factura a la imagen del presidente que comienza a caer en la aceptación ciudadana.

En lo que va del sexenio, se han realizado más de 95 conferencias de prensa “mañaneras”, con duración promedio de dos horas e incluso algunas maratónicas de casi cuatro horas, aproximadamente 190 horas frente a los medios de comunicación en este ejercicio matutino, sin contar los actos públicos diarios donde también hay presencia de los medios.

Para la estratega en comunicación política y manejo de crisis, Giselle Pérez Blas, quien habló para Impar, la falta de experiencia del equipo de comunicación social, así como la no definición de la narrativa de gobierno, está dañando la imagen del Presidente de la República.

“La narrativa de Andrés Manuel López Obrador es muy clara, lo ha sido toda la vida, ha sido congruente en su proceso anti sistémico, pero nunca planeo una evolución comunicacional al gobierno. Por eso seguimos con el candidato en lugar de con el presidente y es una comunicación casi de candidatura”, para la experta se trata de “un tema de falta experiencia, ser oposición no es ser gobierno, es un tema hasta de experiencia administrativa, de manejo de crisis”, dijo.  

Tener al personaje todos los días frente a los medio, es una forma de control mediático que funciona, porque desde ahí el mandatario fija los temas de las agendas de manera cotidiana, se hace que los actores políticos reaccionen desde una caja de resonancia enorme como es la Presidencia de la República. Pero no delegar las responsabilidades y centrar todo en una sola persona, implica la generación de problemas y falta de claridad para todo su equipo de trabajo.

“La narrativa de la cuarta transformación nadie la sabe, nadie la entiende, cada secretario la trae planteada distinta, cambia todos los días. El equipo de comunicación tampoco la trae clara, porque básicamente están replicando la información que les indica el presidente, están siendo difusores y no constructores de comunicación”, la estratega política, apunta tajante que: “No hay estrategia de comunicación, la austeridad comunicacional, no quiere decir dejar de producir”.

A la pregunta de cuánto tiempo se puede sostener la imagen del presidente sin una caída estrepitosa en la aceptación ciudadana, Giselle Pérez Blas, comentó que no van a poder tener el sostenimiento de una imagen que es coyuntural, que se hizo de un personaje a lo largo de 20 años como opositor, y luego de una transformación que está sostenida, no el convencimiento de un proyecto, sino en el hartazgo ciudadano por los gobiernos anteriores.

“La comunicación se contrasta con la realidad, si coinciden, es una fortaleza que puede funcionar casi invulnerable. Pero cuando no coincide, cuando la realidad deconstuye el discurso, ahí viene un encontronazo social, porque toda la esperanza y el anhelo de una vida mejor se transforma en frustración y en ira para quien no cumplió. En la naturaleza humana es buscarle rostros, y si decides solamente mostrar un rostro, ahí se va a concentrar el rechazo social”, comentó.

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