Enrique Escobedo
La expresión latina Reductio ad absurdum significa “Reducción al absurdo” y se le utiliza a fin de demostrar la falsedad de una hipótesis. Léase, una hipótesis bien planteada requiere del análisis, síntesis, tesis y antítesis con el propósito de saber si es verdadera o falsa. Pero sucede que en muchas ocasiones tendemos a plantear hipótesis que ya sabemos de antemano los resultados, pues estuvo deficiente o tendenciosamente construida. De ahí que al analizarla ya sabemos de antemano que es una obviedad o incluso una falsedad y consecuentemente se le reduce al absurdo para demostrar lo ilógico de la misma. Al respecto recurro a la demostración del filósofo Epiménides, quien siendo oriundo de Creta sostuvo “todos los cretenses son mentirosos” con lo cual ¿decía la verdad? Y así demostró la reducción al absurdo.
Traigo a colusión lo arriba escrito debido a la expresión de la presidente Sheinbaum del pasado 14 de marzo cuando sostuvo “dejen en paz” al expresidente López Obrador, su argumento claramente es un ejemplo de “reductio ad absurdum” pues consistió en esgrimir “quien tenia el resguardo del rancho de Teuchitlán, Jalisco era la fiscalía estatal”. Más aun, esgrimió “¿ya se les olvidó García Luna?, ¿ya se les olvidó Felipe Calderón y su lucha contra el narco?” Queda claro, señora presidenta, que los mexicanos no hemos olvidado eso y tampoco la corrupción de Peña Nieto o el “News Divine” de su secretario de Economía o la tragedia de la línea 12 del Metro cuando usted gobernaba la Ciudad de México y sostuvo que fue “un incidente”. Pero así no se van a esclarecer los hechos, ni será transparente, ni rendirá cuentas claras a la población.
Lo sucedido en ese rancho de Jalisco es parte de una triste realidad nacional: la cantidad de desaparecidos en nuestro país. Se trata de un fenómeno que venimos arrastrando desde hace décadas. Peor aún, las estrategias gubernamentales federales, estatales y municipales han sido rebasadas por muy diversas causas, entre las que destaco la impunidad que goza el crimen organizado, la corrupción en diversas áreas de la Administración pública, la complicidad entre ciertas autoridades y las bandas de criminales y, le guste o no, la decisión política de su mentor de instrumentar la política “abrazos y no balazos” el sexenio pasado.
Atender las causas de ese problema es un tema complejo. Lo cual significa que a problemas políticos, soluciones políticas. La vida pública se compone básicamente por tres sectores: el público gubernamental, el privado y el social. Consecuentemente es políticamente recomendable colaborar responsablemente en los asuntos del acontecer nacional. Por eso son tan importantes las organizaciones de la sociedad civil. Entre las que destacan, para el caso que hoy nos ocupa, las madres buscadoras. En otras palabras, un gobierno abierto es aquel que considera imprescindibles a las organizaciones sociales en la deliberación del debate de la agenda nacional, que son vitales en la construcción de las políticas públicas y que sin ellas la visión monopólica y unidimensional de la conducción del Estado es un absurdo en el arte del buen gobierno.
Corresponde a la administración Sheinbaum invitar y escuchar a las organizaciones de madres buscadoras de desaparecidos forzados. Son instituciones con una causa genuina, tienen autoridad moral y poseen metodologías de investigación con capacidades y cualidades ya demostradas. En pocas palabras, gobernar con la sociedad es colaborar articuladamente en favor del desarrollo nacional. Pero si la presidenta considera que el gobierno lo puede todo, que sus políticas son las únicas y verdaderas y que su táctica es defender mediante el reduccionismo al absurdo al hombre de Macuspana, poco avanzaremos.











