Enrique Escobedo
La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM cumple 75 años. Un aniversario de lujo y digno de festejarse, pues se trata de una creación fundamental en el desarrollo institucional de la vida nacional. Sus miles de egresados de sus cinco licenciaturas (Ciencias Políticas y Administración Pública, Sociología, Relaciones Internacionales, Ciencias de la Comunicación y Antropología) son, en su mayoría, motivo de orgullo.
La idea fue concebida en la UNESCO a fines de los años cuarenta y les propuso a sus países miembros que crearan escuelas de ciencias políticas a fin de estudiar las ideas políticas con el propósito de que el fascismo y el nazismo no se repitieran. México acogió la idea y el H. Consejo Universitario en 1951 aprobó la creación de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.
El contexto nacional requería además cuadros de profesionistas y de carreras extra-militares avocadas al desarrollo nacional. No se olvide que en ese momento México era gobernado por el primer presidente civil después del movimiento armado de 1910 y necesitaba cuadros civiles sobre todo en el ámbito de la administración pública. Más aún, por eso la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México (DOF del 6 de enero de 1945) sostiene en su artículo primero que “tiene por fines impartir educación superior para formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad; organizar y realizar investigaciones, principalmente acerca de las condiciones y problemas nacionales, y extender con la mayor amplitud posible los beneficios de la cultura”. Por lo cual la entonces Escuela y hoy Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) desde 1968 se ocupa de formar profesionistas especializados en la cuestión social nacional e internacional con visión crítica y autocrítica acerca del uso y abuso del poder.
Es una Facultad, como toda institución de educación superior, con sus particularidades. Coloquialmente le decimos “Polakas”, además es vanguardia en aspectos de la contracultura, de ahí que en sus patios, corredores y aulas se cuestionan tradiciones, costumbres y formas. También es común leer trabajos de calidad de su profesorado y egresados, con ideas originales, académicamente rigurosos y con aportaciones que enriquecen el bagaje de las ciencias sociales.
Después de 75 años de vida de la Facultad aún me topo con gente que niega que el estudio de los hechos sociales sea científico. Hay gente que la considera una Facultad innecesaria y está convencida de que clausurarla le ahorraría millones de pesos al país. Esa necedad ignora que la FCPyS es tan imprescindible como las escuelas de las ciencias de la salud, simplemente sucede que un dentista, un médico o un veterinario aportan sus conocimientos inmediatamente después de terminar sus estudios y alcanzan el reconocimiento social inmediatamente. En cambio, un egresado de las ciencias sociales tarda aproximadamente diez años en aportar sus frutos después de terminar sus estudios. En otras palabras, las escuelas de ciencias sociales son tan necesarias y trascendentales como cualquier otra carrera. La diferencia es que las percepciones de aportación, productividad y beneficios sociales se miden con diferentes reglas de evaluación.
Felicidades a todo el profesorado de ayer y de hoy, a sus autoridades académicas, a su estudiantado y a quienes han egresado de Polakas. Enhorabuena.















