Miguel Ángel López Farías
El 30 de septiembre del 2017, fue asesinada la joven estudiante de la Universidad Autónoma de Puebla, Mariana “N”. Un chofer de la plataforma Uber, junto con otro sujeto, la habrían asaltado y ejecutado.
Este caso fue noticia durante varias semanas. Y podríamos rescatar los fragmentos de esta salvaje novela e incrustarla con lo ocurrido con Debanhi Escobar entre el 9 y 22 de abril… ahora bien, ambos casos merecieron una amplísima cobertura mediática lo que derivó en mayor presión social y de alguna manera, la respuesta de las pasmadas autoridades, solo que este par de muertes no generaron ningún cambio en los aparatos de procuración e investigación de justicia, de ninguna parte.
Tan es así que los feminicidios en México no se detienen, la facilidad con que se matan a niñas, jóvenes mujeres son reales y nos coloca de manera brutal en un Estado de Derecho corrupto y cómplice, sin que se instalen nuevos niveles de protección y castigo para quienes las violenten.
De nada sirven los minutos de silencio en la Cámara de Diputados o en el Senado, si en las calles o baldíos, una chica es golpeada, violada, secuestrada, asesinada, peor aún, si por “usos y costumbres” las niñas son ofrecidas como mercancía sin que merezca la atención de los órganos responsables de proteger los derechos humanos de estos infantes.
Y las van a seguir matando , como la mayor tragedia nacional costumbrista para las mexicanas, pues desde el ejecutivo se envía la poderosa señal de que NO LES IMPORTA lo que suceda con ellas; para redondear la tragedia encontramos réplicas de este pensamiento en todos los estados de la República, desde pequeños municipios hasta grandes capitales, respiramos la maldición de contar con funcionarios públicos, incluyendo mujeres, que le han dado la espalda a sus gobernadas… mujeres de todas las edades ,así como periodistas, y todos aquellos no entren en las esclusas de interés de una 4T, son, somos, mexicanos y mexicanas de desecho.
En México todo es violencia y las olas de odio siguen creciendo, las expresiones de barbarie no paran, azuzadas por un ejecutivo que no gobierna, sino que obliga a desayunar grandes platos de rencor, está desquiciante actitud permea en las mentes torcidas de quienes ven en este clima, la oportunidad de arrojarse a los saqueos de lo moral, y esto se traduce en una incontrolable ola de crímenes en todas sus versiones, pero asentada en contra de las niñas y jóvenes mujeres.
En México llevamos tiempo tocando fondo y mientras las pistas de lo “importante” se sigan moviendo en la narrativa de la grilla política y de la asfixiante propaganda oficial y la terquedad por vendernos un país que NO existe más que en la imaginación del que vive en palacio, mientras no queramos ver con total y descarnada objetividad esta realidad, seguiremos pidiendo minutos de silencio por las siguientes muertas.














