Miguel Ángel López Farías

Hace 48 horas lo mencionamos, no hay casualidades entre la sentencia de prisión en contra de Cristina Fernández de Kirchner, vicepresidenta de argentina y la destitución de Pedro Castillo, ex mandatario del Perú. Ambos personajes impresentables y atiborrados de acusaciones por corrupción.

La nota está atada a una ola de justicia que comienza a surgir en órganos autónomos que han sabido mantenerse en pie de lucha, en el caso argentino ha sido un grupo de tres magistrados que llevaron el caso y determinaron sentenciar a la señora Fernández, estos tres jueces, Jorge Gorini, Rodrigo Giménez y Andrés Basso.

Mismos que, curiosamente, fueron propuestos por Fernández de Kirchner, siendo presidenta de su nación.

En el segundo caso, el de Castillo, basta decir que el congreso de su país atajo una de los actos más torpes, como la de un golpe de estado sin el apoyo de nadie, los legisladores, hasta sus leales y gabinete, le dieron la espalda al locuaz personaje.

Y no es raro que este SANO contagio se comience a presentar en otras latitudes del continente, bajo la bandera de la lucha en contra de la corrupción y, sí, adivino, está batalla es una de las prometidas por el presidente de los EUA Joe Biden.

No sería extraño que detrás de estos pequeños terremotos políticos se encontrara la mano de Washington.

El mundo se mueve hacia un nuevo orden, con la creación de super bloques económicos, China y sus aliados, como Rusia y una docena de naciones que son receptoras de enormes inversiones financieras, mismas que crecen día tras día, incluyendo a países de América que decidieron irse a los brazos de los asiáticos, entregando recursos naturales y mano de obra estratégicos, esto no ha pasado de noche para los EUA, mismos que buscarán meter orden acotando el poder de ese enjambre de populistas. ¿Quieren irse con los chinos o dicen simpatizar con Rusia? Pues ahí tienen la respuesta.

El gobierno mexicano juega con fuego al querer mostrarse amigable con un ex mandatario del Perú. 

Aquí, en el gobierno de la 4T, la corrupción es ya bandera.

El enojo presidencial en contra de la casa blanca es público, los señalamientos que surgen desde el norte sobre los vínculos de muchos personajes de morena con narcos son publicados todos los días en la prensa gringa… López Obrador, quien no es ingenuo, debería remojar sus barbas, pues el gigante del continente parece que ya dio el manotazo en la mesa.

Y vendrán cosas peores.