Miguel Ángel López Farías
¿Importa el que el mandatario arme un show propagandístico desde un simulador y aparente un paseo en Tren en el AIFA, acompañado de su “Estado Mayor”, quienes como chiquillos traviesos sonríen ante la “puntada” de su jefe?
Sin duda, debería ser motivo de muchas aclaraciones, pero eso aquí no aplica, pues llevamos tiempo siendo poseídos por el vulgar espíritu del cinismo y no sólo el que ejercen los hombres y mujeres en el poder, sino el que corre por las venas de muchos mexicanos. Este trenecito llamado México, es uno de ser digno de estudio, pues muestra la terrible capacidad de hacer que lo importante no interese y lo fútil, lo banal sea lo trascendente.
Este señalamiento no es para el gobierno y sus pantomimas, es para “los pasajeros” de este tren de fantasía, mismos que han, hemos, demostrado tener uno de los
niveles más bajos de dignidad, conformistas y callados ante actos que en otro tipo de sociedades hubiesen generado hecatombes, pero aquí, las lecciones del “ver, escuchar y no opinar” han funcionado de maravilla, al grado que da igual si desde el poder se nos miente todos los días desde el órgano de las mañaneras (algo que ni Fox, Calderón o Peña se habrían atrevido), pero que en estos tiempos se ejecuta con mucha naturalidad, sin que mayor cosa ocurra.
La compañía de ferrocarriles de feria “Morena Inc”, le ha mostrado a los pasajeros, que es capaz de producir actos escandalosos, huachicolazos fallidos, liberación de narcos, corrupción por todos los poros del primer cuerpo de gobierno, la cancelación de un aeropuerto en Texcoco que conforme pasan los meses se comprueba de que ha sido la tontería más grande, alza de la inflación, desempleo cómo no se había visto antes, más pobres, más muertos, menos medicinas, niños con cáncer muriendo porque no les llegan las medicinas, se les cae un tramo de la línea 12, pactan con capos de la droga para que Morena gane elecciones, jugaron con la pandemia y politizaron las vacunas, sostienen a lunáticos en las zonas de decisión, hasta para querer militarizar al país les ha salido mal, pues todo se concluye en que nuestros soldados son mejores como albañiles o instalando cajeros automáticos, vamos, hasta el deporte pudrieron al abrirle las arcas a una ex atleta que salió muy buena para el desvío de recursos…
La función es deplorable, con rasgos luctuosos, pero seguimos en el trenecito, amoldados a las sillas del conformismo y muchos, alargando la mano para recibir los tres miserables cacahuates para mitigar el hambre, padeciendo esta desnutrición intelectual, de ánimos, de carácter.
Y claro que en el trenecito se escuchan voces de reclamo, mexicanos airados, molestos, que se saben golpeados, algunos se organizan y repudian su situación, se niegan a tragarse la “botana” que van repartiendo los capataces, son los dignos, los que ven a México como el gigante dormido que es, los que se avergüenzan del tristísimo montaje, que se niegan a bajarse del tren, que se resisten a aceptar que ese es nuestro destino…
Mientras, el maquinista, quien conoce muy bien a sus pasajeros, continúa con la chacota, distrae a sus peregrinos, les muestra lo que sabe los va a sumir en un sueño… el maquinista sonríe pues lleva acarreando gente desde hace más de 18 años, es su profesión, conoce las “tripas” de este trenecito llamado México.














