Miguel Ángel López Farías

En el 2018, nadie podía vaticinar el desastre mundial por el Covid-19, en México jamás nos habríamos imaginado que entraríamos a la noche más negra de nuestra historia contemporánea, pero si podíamos afirmar con certeza que no nos iría bien con este gobierno, bastaba asomarse a los primeros cortes con el bisturí de la 4T y ver una especie de carnicería, el “austericidio” no dolía tanto hasta que el virus hizo su aparición.

En este gobierno no entendieron ni quisieron entender que nos enfrentábamos a un terremoto gradual de escala inimaginable, solo se dedicaron a montar una cortina de humo tras otra mientras los muertos engordaban las gráficas y en paralelo, la nación y sus pivotes económicos se enfermaban, haciendo caer el empleo y los ingresos… no nos hicimos más pobres por el COVID, tal y como argumenta el maestro de ceremonias del circo, los miserables hoy son más porque desde Palacio se decretó que el mayor responsable de que el país no se fuese al infierno sencillamente abandonó la tarea de velar por que esta fábrica llamada México no se fuese a quiebra.

Y somos más pobres y seremos aún más puesto que al presidente no le importa ni le alcanzará el tiempo para contener el desastre económico, sus números ya no le dan y en su agenda no se denota que vaya a lanzar un salvavidas a los principales creadores del empleo, las pequeñas y medianas empresas, las cuales, de la mano de la etiqueta de la clase media son las entidades más aborrecidas por el mandatario.

Miente Andres Manuel López Obrador cuando acusa de la pobreza al COVID, que, si bien ha sido un factor de parálisis económica, no maquilla el que la inexperiencia y las ocurrencias (bañadas de la toxina de la terquedad) hayan ido desangrando a este país, llevándolo poco a poco a ser un escenario de familias enteras que no saben lo que es comer tres veces al día. 

¿De qué tamaño sería la figura del presidente si hubiese detenido las obras de “dos bocas”, del Tren Maya, del aeropuerto Felipe ángeles, si hubiese dejado de tirar dinero a la basura con consultas inútiles y hubiese determinado ir en defensa del empleo, aplicando una estrategia de estado para evitar que más mexicanos se fuesen a la bancarrota? ¿De qué tipo de hombre estaríamos refiriéndonos?… pero cierto, cruda desilusión, es López Obrador.