Miguel Ángel López Farías  

No olvido aquellos días en los que a México enterito se le metió a una crisis de desabasto por gasolina, el país despertó hace dos años en medio de una quimioterapia huachicolera que incluía la parafernalia de pipas con la sensiblera frase “PEMEX, POR EL RESCATE DE LA SOBERANIA”.  

Y así, como “Mujer, casos de la vida real”, el presidente Andrés Manuel, nos presentó una carpa que pretendió emular a la de la expropiación petrolera del 38 del general Lázaro Cárdenas.  

¿Sirvió para algo? en lo absoluto, ni un detenido de alto nivel de Pemex y mucho menos del sindicato que nos pudiera dar razón el por qué cientos de municipios viven alegremente de la ordeña de ducto. 

Ni la gasolina bajo, ni nos enteramos de la historia real de un negocio que es operado por carteles y no muy pocos políticos en el país. pero el tinglado sirvió para una cosa, asomarnos a lo que queda de Pemex, una de las grandes patas de la mesa de este país y que diversas autopsias nos revelan que la llevan matando varios años, producto de la corrupción institucionalizada que desde el poder de la presidencia se ha permitido, y no de ahora, sino que la máquina del oro negro convirtió a muchos altos funcionarios de este país en hombres muy ricos, sin olvidar que el sindicato goza de toda la protección de la falsa 4T. 

¿El mandatario nos podría explicar el por qué nunca tocó a Carlos Romero Deschamps?, porque, si algo es cierto, ha sido este gobierno el que se ha concentrado en el tema de Odebrecht, en un ex director como Emilio Lozoya que goza de la libertad contrario a lo que debería ocurrir con un hampón, fungiendo como amanuense de un mandatario, una bala para ser utilizada en contra de sus enemigos. 

E insistiré, esto por encimita, como gran distractor, pues en uso del sentido común, uno no termina de entender que es lo que realmente buscan hacer con la paraestatal, pues llama mucho la atención que sea este gobierno, uno que presume de nacionalismo, el que más se empeñe en llevarlo a la banca rota; Pemex se convirtió en un barril sin fondo que devora millonadas en perdidas, veamos el archivo de refinación, durante los primeros nueve meses del año, la perdida de operación de Pemex transformación industrial, (la que se encarga de refinar) fue de 121 mil 213 millones de pesos, un 115 por ciento más que ese mismo periodo del 2019. el gobierno de AMLO insiste en echar a andar un montón de fierros viejos, y lo que pretende sean nuevos, como la polémica dos bocas, se dirigen a el desastre económico y ambiental. 

Refinar ya no es negocio, las plantas existentes en el país son viejas, cuestan mucho mantenerlas y esa perdida la terminamos pagando todos, hasta los que no tienen auto, pues carretadas de recursos hacendarios van a parar a maquinas desvieladas y por si fuera poco, debemos recordar que el mundo entero, las grandes potencias como los EUA con un Joe Biden a punto de tomar juramento, están encaminando sus estrategias hacia el uso de energías renovables, ya no con combustibles fósiles, o sea, en unos 15 años o menos, seremos testigos de cómo empresas como Pemex serán declaradas oficialmente muertas para su uso como proveedoras de petróleo, o sea, no solo es un mal negocio en estos momentos sino que se dirige a los arrecifes del colapso financiero en unos años, luego entonces, ¿por qué el presidente AMLO insiste en seguir quemando dinero público en una fogata que ni calienta ni alumbra?  

Sus sueños de juventud, de aquella infancia en Tabasco, rodeado de pozos y refinerías lo dejaron anclado a un pasado que hoy no sirve, que ya no es útil y que solo le ganara el epitafio de haber sido el presidente que chatarrizo y remato lo que pudo haber sido el gran cuerno de la abundancia para todos, incluidos sus pobres. 

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