Miguel Ángel López Farías
Quintana Roo es un paraíso para la prostitución, para las bandas clonadoras de tarjetas, para la venta y consumo de drogas, para la explotación sexual de infantes, para el tráfico de personas, para el lavado de dinero.
Eso si, no se nota porque para los visitantes existe el caleidoscopio de lo turístico y como tal sirve como maquillaje para ocultar el drama que los habitantes respiran, ningún turista abre los periódicos locales, no van a eso, por lo tanto, la cruda realidad no llega más allá de las puertas de las grandes cadenas hoteleras, pero afuera de los bulevares y jardines perfectamente podados el quintanarroense debe lidiar con el poderío de los criminales y la ausencia de las autoridades.
¿Se pregunta sobre el gobierno estatal? No existe, en las oficinas de palacio se sienta un hibrido de político llamado Carlos Joaquín González, un hombre de lo más profundo gris y el cual debe su llegada a, primero, un «aquelarre» partidista, y segundo, a que el anterior, Roberto Borge, fue groseramente nocivo para la entidad, plagado de corrupción y protección a diversas bandas del crimen organizado.
Carlos Joaquín González está por irse, su mal llamado gobierno concluirá, pero antes debe responder a lo que desde el gabinete de seguridad del gobierno federal se ha señalado, y que implica la acusación directa de varios de sus cercanos en una red de protección a la organización criminal conocida como «la mafia rumana» liderada por Florian Tudor, alias «el tiburón».
Este grupo es protegido por miembros del PVEM, PRI, PRD, PT, Morena y servidores públicos de la fiscalía de Carlos Joaquín. «El tiburón» controla la más poderosa red de explotación sexual (niñas y jovencitas) y una red de clonación de tarjetas.
Los hilos nos llevan hasta los ex gobernadores Félix González Canto y el multicitado Roberto Borge, el trabajo periodístico de la colega de Milenio Janet López Ponce indica que tambien estaría involucrado René Juvenal Bejarano , el documento de los investigadores federales señalan al «señor de las ligas» y sus colaboradores como un grupo de extorsionadores de empresarios y ciudadanos, Bejarano habría utilizado el nombre de su jefe Andrés Manuel López Obrador y de Morena para llevar a cabo sus operaciones de estafas.
Algunos hombres de negocios de la entidad nos confirman que buscaron a el gobernador González y a algunos miembros de su gabinete para ser apoyados, pero, denuncian, jamás encontraron respaldo de su gobernador, el cual, fiel a su estilo, opto por esconderse.
Pero hay más, el FBI y la DEA informaron al gobierno de la República que «el tiburón», el rumano Florian Tudor tiene metidas las manos en 14 estados del país, goza de una red de protección entre funcionarios y empresas «fachada» para lavar dólares, el rumano Tudor opera en 15 países, pero su paraíso es Cancún.
Narrar el expediente nos llevaría horas, en el podemos encontrar a políticos de todos los colores, dos con un pie en la cárcel, uno del PRI, Verde, Roberto Estrada Barba, otro muy conocido, Greg Sánchez.
Esta historia apenas comienza, la podredumbre en la entidad estaría alcanzando hasta el mismo gobernador, y no precisamente por que exista algún tipo de complicidad, eso no aparece aun, lo que sí, es que bajo su administración se terminaron de asentar decenas de bandas del crimen organizado, unas que van cayendo en desgracia y otras que ya traen la bendición de los actuales políticos.
Queda preguntarse ¿De qué tamaño será el desastre que heredará el gris Carlos Joaquín González? O; ¿Será cierto que lleva los mismos pasos que Roberto Borge?














