Miguel Ángel López Farías

AMLO de plano se volvió predecible, ha mentido tanto que eso de que «viene el lobo» solo pocos se lo tragan.

Me refiero a su promesa de que no busca desparecer al INE, sino solo «transformarlo». A otro perro con ese hueso. 

Permítame hacer de digestión más sencilla esta historia.

López Obrador, buen engañabobos, no es más que un oligarca disfrazado de populista, el cual no acepta ningún tipo de contrapesos, mucho menos en materia de competencia electoral, ganar chantajeando o aplastando a sus enemigos es su ley, y el INE actual le estorba, y esto sucede por la razón de que un Lorenzo Córdova y un Ciro Murayama son, por decirlo suavecito, el filo de una navaja, cargada de conciencia y de academia, que no han aceptado irse a lo oscurito con el amo de los engaños.

El actual INE resulta muy molesto para López Obrador, al igual que los periodistas e intelectuales que tenemos el valor de desnudarlo, entonces, ¿Por qué aguantarlos si los puede exterminar?

La reforma electoral de AMLO no es más que un golpe de estado a la democracia, un camino para que su proyecto de perpetuidad lopezobradorista no se quite ni con zacate. 

Defender al INE no implica auxiliar a un edificio y a quienes trabajan dentro de él, se trata de frenar el avance de uno de los tumores que más pobreza y desigualdad han generado en muchas partes del planeta, las dictaduras, sean blandas, sean extremas, sean perfectas.

Es no permitir que una nación retroceda cancelando sus conquistas. Decir que quieren cambiar al INE para que todos mejoremos es una vil y descarada mentira, es como aceptar llevar a nuestros hijos e hijas con un pederasta con dinero y creer en su palabra de que no les hará daño. ¡Por el amor de Dios!