Miguel Ángel López Farías
Por si había alguna duda, el tiro entre el presidente y la DEA está más que cantado.
Ya soltaron la información de que un grupo de agentes especiales se habrían filtrado en el primero círculo de los «chapitos», sobre quienes pesa una nueva recompensa de 20 mdd para su captura.
Andrés Manuel está furioso porque no le avisaron que los güeritos antinarcóticos harían este trabajo de plomería en Sinaloa. Los ha llamado «abusivos y prepotentes». no es que hayan llegado de visita sin avisar, sino que la línea de filtraciones de la DEA confirma lo que en este espacio advertimos desde hace meses, que el gobierno de AMLO ha estado en el microscopio de la Casa Blanca y se tiene una detallada red de protección que el de Tabasco promovió a favor del clan de el «chapo «Guzmán.
El cartel de Sinaloa es el brazo criminal de Morena, esto es lo que afirman en el departamento de justicia de los EUA, y no les importaría de no ser que a los Guzmán Loera Company se les ocurrió inundar de fentanilo a gringolandia, detonando una de las mayores crisis de salud pública de allá, con más de 200 mil muertos por sobredosis y un fuerte embate de la oposición que exige a Joe Biden hacer algo con su vecino del sur. No es extraño que los republicanos pidan el envío de marines para combatir a los narcos mexicanos.
La DEA tiene luz verde para lanzar acusaciones , pues el trabajo de inteligencia y de campo le han permitido reunir pruebas , una bolsa de nombres y fechas de más de una veintena de personajes de primer nivel del gobierno de López Obrador, (revelaciones que aquí hemos mencionado ) y que incluyen al gobernador de Tamaulipas, Américo Villareal o el de Veracruz, Cuitláhuac García, o el líder de morena Mario Delgado, estos tres , por ejemplo, vinculados a una red de apoyos de las mafias huachicoleras y del cartel del noreste.
El mandatario no solo está molesto sino preocupado por lo que los yanquis son capaces de hacer con esta información.
El trabajo de filtración del círculo íntimo de los «chapitos».
Los centro en una sola cosa, quien y como es que desde la 4T se pactó con ellos, que mandos militares y policiacos brindan la protección, dinero repartido a candidatos, cuántas elecciones ha operado el Cártel de Sinaloa, su presencia y protección en la CDMX, sus rutas de entrega, quien les vende los precursores de fentanilo, quien compra el producto, a que periodistas pro Morena les pagan y un largo etcétera, una bomba que de salir a la luz pública (cosa que sucederá en unos meses vía el canto de la Guacamaya) hará volar por los aires la imagen del presidente y de sus más allegados.
La máxima de Reyes Heroles se cumple, «en política, lo que parece, es». Y esta sentencia se ve solidificada a una larga ruta de detalles en una relación que va más allá de las visitas presidenciales a Badiraguato o del saludo de mano a la mamá del “Chapo”.
En Washington creen y lo han venido documentando que existe un multimillonario acuerdo entre dos bloques, el de gobierno y el del cartel más poderoso de los últimos 30 años, por ello es que López Obrador «pellizca», «patea», «advierte», se sabe pillado, sabe, que no habrá final feliz para su sexenio.












