Miguel Ángel López Farías
Que tiempos más extraños para el potaje poselectoral, me habría imaginado un barullo morenista, gritos de fraude y el mantra del “voto por voto” en pos de mostrar que son pocos, pero escandalosos, nunca espere que las baterías de la 4T y de ser capataz se dirigieran hacia el público, el mismo que desde las butacas de la frustración le lanzaron un abucheo tan sonoro que lastimó la sensibilidad del mandamás.
La bronca ya no es contra el PRIAN con todo y PRD, sino los que lo apoyaron, los malditos clasemedieros, oportunistas, aspiracionales hijos de Salinas.
¿Se habían imaginado que un DT le mentase la madre a la porra porque no le aplauden sus mediocres resultados? ¿Quién lo iba a decir? El núcleo del conflicto pos electoral no es de Morena hacía afuera, sino hacia adentro, cena de negros o para ser más precisos: la repetición de la “noche de los cuchillos largos”, la de 1934, cuando los uniformes negros de las SS irrumpieron el hotel Hanselbaurer y al grito de Hitler fueron sacando uno a uno a las tropas de las SA (Sección de asalto), el Führer exterminaría a uno de sus incondicionales junto con todos sus mandos, Röhm terminaría siendo pasado por las armas y así, después de esa purga, Hitler obtendría el mando total de su partido.
La ficha histórica llega a ser tan embonable con la actualidad que da escalofríos, claro, en Morena basta con que los ojos del señor dejen de mirar bonito a alguien para que la víctima caiga en desgracia y esto nos lleva a el caldero del infierno en ese partido: creen que perdieron la mitad de la CDMX porque Ricardo Monreal así lo planeó.
Alejados de la realidad, en Palacio no aceptan que los “aspiracionales” chilangos, ya crecieron, que no es la misma masa que ve en el tlatoani a un ser mítico e infalible, la derrota en la CDMX fue impulsada por la más increíble arrogancia, misma que no sopesa el enojo defeño por los errores cometidos.
Achacarle a Monreal el descalabro es abusar de la inteligencia de los votantes, pero allá ellos y sus coloridas prácticas de canibalismo. Es tan burdo el espectáculo que no sería raro que se volviesen a plantar en paseo de la reforma para exigir que se repitan las elecciones en la capital.














