Miguel Ángel López Farías

Los Tigres del Norte, grupo FIRME, y según el señor Raúl Velazco de Palacio, vendrá Cristian Nodal… ¿Así se llama? a cantar al Zócalo  

A todo dar, bien por los que gustan de este tipo de música, catalogada como regional mexicana… lo cual es una total falacia, pues no representa el lado blanco de la cultura.

Me van a calificar de mojigato y Fifí, me vale.

Y comienzo aclarando que los Tigres del Norte me agradan, tienen un sentido social en su música, una versión de juglares que retratan la miseria del indocumentado, del pobre, del campesino… pero tienen tarifa y esta ha sido comprada por barones del narcotráfico.

«El jefe de jefes”, tema dedicado a Miguel Ángel Félix Gallardo no fue de a gratis y el día del concierto en el Zócalo la tocaron, ahí tienen a la chilangada cantándola.

De grupo FIRME, solo sé que no se nada, no me gusta, nunca los había escuchado, hasta que me tope con un tema que habla explícitamente de Ovidio Guzmán, “El ratón», hijo del “Chapo”.

Los de la agrupación elevan este tema como parte de un aparato de propaganda criminal.

La narcocultura nos significa una doctrina que ha tatuado el subconsciente de millones de esa «Plebada» que con cerveza en mano y rodeados de trocas y mujeres aspira a convertirse en uno de esos antihéroes que el narco produce.

Detrás y al frente de esta corriente encontramos el peso de los criminales, asesinos, traficantes de toda índole, extorsionadores, secuestradores, tratantes de blancas, defraudadores, o sea, es el México maldito que vomita todos los días en el dolor y la frustración. Y de fondo, la subnormalidad de un «corrido» que eleva a lo peor de la galería de los criminales, eso sí, muy ricos, muy poderosos y muy impunes.

Pero para este gobierno no existe esos límites morales, solo interesa la prontitud de la simpatía de esa masa que escucha a los voceros cantados del narco. Si cualquier agrupación es patrocinada por un capo y tienen éxito, eso no interesa, que toquen en el Zócalo, ahí mismo donde el 16 de septiembre marchan los militares y marinos, mismos que se encargan de combatir a los mecenas de esos grupos, ¿Verdad que es un país de cínicos?

Y ojo, no estoy en contra de los gustos musicales de la gente, cada quien se contamina el cerebro con lo que le dé la gana, solo busco contrastar lo que sucede en este plano de hipocresías y más aún, señalar que enormes sectores de la población mexicana han sido adormecidos por letras musicales que en otros países serían, mínimo, prohibidas, al ser el canto que alaba a quienes han bañado de sangre a un país como el nuestro.

Seamos serios, cómo creemos que crecerán nuestros hijos si su formación intelectual está bombardeada por miseria musical como el reguetón, una lobotomizante corriente que se nutre del sexo explícito y del abuso en contra de la mujer… ¿tiene hijas?

¿Le gustaría que las tratarán cómo actrices porno y sufrieran violencia verbal y física? Pues esa es la propuesta del reguetón… y de los narcocorridos, sobra mencionar que, en un país de evidentes divisiones sociales, la idea de escalar en la pirámide económica no es tan fácil para los más necesitados, mucho menos si su formación académica es diseñada por ignorantes como la exsecretaria de educación, Delfina Gómez o la actual, Leticia Ramírez.

Partiendo del hecho de que un joven, un niño absorbe todos los días el mensaje que este tipo de música arroja, no tardara mucho para intentar ser como ese «súper personaje», violento y poderoso del que hablan en los corridos… total, México lo acepta, su grupo favorito toca en el Zócalo, este gobierno les da la mano a los narcos y no sucede mayor cosa… dígame usted ¿si la personalidad en formación de un niño pondrá resistencia ante el poderoso mensaje?

México se ha apoltronado en el sillón de la descomposición social, nos está saliendo muy caro el haberles abierto la puerta a los asesinos, el no combatirlos y dejar en claro que la impunidad reina es lo que consumen en las mesas millones de hogares.

Así, ¿Cómo creemos que México será distinto algún día? ¿Dígame cómo?