Miguel Ángel López Farías

A nuestros hijos los educamos siguiendo patrones de enseñanza que a nosotros mismos se nos implantó, nadie nace sabiendo ser padre, y ser niño significa entrar en una bolsa de mensajes que han venido pasando de mano a mano, de generación en generación.

Nada hay que el horizonte indique que la realidad de un país de medio pelo vaya a ser distinto para nuestros niños, los adultos no hemos tenido la estatura para sembrarles una sabia diferente, es lo que hay y lastimosamente no se ven otros derroteros. Excepto nosotros, los grandes, sepamos ponernos de acuerdo y redefinamos el país, una tarea que hasta el momento ha quedado en fútiles ensayos y en un tono de bullicio que en nada se parece al dialogo.

Mañana hablaremos de los niños y su futuro, saldrán loas y buenos deseos, pero en la crudeza del camino no se aprecia que para ellos la cosa vaya a ser diferente.

México les debe todo a nuestros pequeñitos, menos violencia, menos injusticias, menos abusos de todo tipo, la voz de los niños y niñas es un canto que no escucha nadie, vistos como chiquillos que son poca cosa como para despertar las conciencias de los adultos y que estos, nosotros, nos atrevamos a rendirles una patria que no solo los consuele, sino que los arroje a una vida menos cruda y desesperanzadora, porque el país es hoy por hoy un amargo pedazo de carne en la boca que nos cuesta trabajo digerir, repleto de políticos y discursos que se han alejado del valor de aquellos estadistas que elaboran naciones aptas para incluir a los que hoy no son más que un número en las estadísticas, a los niños no se les toma en cuenta porque sencillamente no votan, no significan algo para los partidos, por ello no existen estrategias serias de protección, en donde se les blinde como el sector más valioso .

Por ello es que son robados, sustraídos de sus lugares de origen, por ello es que se trafica con sus cuerpos para terminar en el abominable mercado del sexo, por ellos son empleados como misiles en juzgados, arrojados entre los padres que se separan para buscar hacer el mayor daño posible a la expareja.

Les debemos todo a nuestros niños y hoy que sobreviven en un confinamiento es que les debemos un profundo homenaje, les debemos una mejor casa, una nación distinta, con mejores líderes, comenzando por ser mejores padres. Nosotros hemos cometido todo tipo de fallos, en serio, no permitamos que nuestros niños y niñas repitan nuestros mismos errores.