Miguel Ángel López Farías
Los carteles los vi en la colonia santa María la Ribera, se trata de una composición de rostros de la familia Monreal, y se lee una leyenda que los relaciona con el crimen organizado… No pude dejar de relacionarlo con un discurso de la candidata del PRI -PAN- PRD a la jefatura de la alcaldía Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega ,que poseía básicamente los mismos componentes. (No afirmo que ella los haya mandado a colocar, solo hago mención de esta, ¿Coincidencia?)
En el centro de esta guerra de lodo dos son las figuras a golpear, Ricardo Monreal y Caty Monreal.
Solo que por ser en la arena de la alcaldía Cuauhtémoc, el fuego se dirige a Catalina, la hija de Ricardo, misma que compite por la jefatura de esa demarcación.
Ella había mantenido un perfil bajo, concentrada en una agenda de defensa de las mujeres, muy de los colectivos y movimientos que empoderan a las de su género…y sí, con la innegable vena de ser hija de uno de los políticos más preparados e inteligentes de este país, el senador Ricardo Monreal.
En estos tiempos electorales, cuándo la guerra de estiércol parece haberse oficializado, la propaganda negra no solo es detestable, la misma atiza de manera indirecta las balas que ya han cobrado varias vidas de candidatos y candidatas.
La utilización de los micrófonos en campaña para embarrar de todo, menos de una ruta de gobierno, empujando la idea de que los Monreal pertenecen a el lado oscuro de la política, es, por decir lo menos, arrojar gasolina a el fuego.
Y cómo para reforzar la idea, buscan empatar a Sandra Cuevas como una extensión de ese clan (digo, la señora Cuevas es un mal virus y es contagioso).
Estás reflexiones podrían ser tomadas como quisquillosas, pero dadas las condiciones en el país, son mucho muy preocupantes, pues se trata de colocar a una candidata como Caty Monreal no en zona de debate, sino de tiro.
El clima de violencia también ha tocado a muchos candidatos y candidatas, que sin importar partidos han objeto de atentados y el resultado es una especie de cacería que ubica a este proceso electoral como uno de los más violentos en varias décadas.
Estamos a dos meses del domingo de elecciones, el rostro de lo electoral se ha deformado, de esta contienda habremos de recordar sus tinajas de sangre.
Pero también se deberá atender el llamado de quienes, desde la búsqueda de la reconciliación y una mejor política para la sociedad, y no la vulgar búsqueda del poder por medio de candidatas de microondas.
Es real, México, la ciudad está sedienta de propuestas que inclinen la balanza social, con vacunas en contra del crimen y la violencia.
La piel de esta nación supura crispación… se necesita lo contrario, fraternidad, sanación.















