Miguel Ángel López Farías

Mi tocayo y hermano, periodista MIGUEL ÁNGEL ROCHA VALENCIA, me dijo: «tocayo, lo mejor que puede ocurrir en la vida y en las relaciones humanas es dejar que la gente se exhiba, deja que se asomen».

Un axioma muy bueno para que cada quien tome el lugar en el campo nudista y sepamos que es lo que traen detrás de la máscara; por ello afirmó que la llegada de Trump es una muy buena para México, ¿me volví loco? mis desequilibrios no incluyen el sentido común y los pocos conocimientos que tengo sobre historia, o ¡quién sabe!… En fin, Trump es ese huracán que provocará que México se sacuda ya que necesitamos despertar de esta ruinosa condición de eternas víctimas.

 Si la llegada de Trump y su arsenal de ataques nos obligan a tomar lugar y redescubrirnos como lo que deberíamos ser, una nación consciente de su papel, unida, creciente y con capacidad de resolver sus propios problemas, Míster Trump: ¡déjese venir!

Si la entronización de Trump provoca que los mexicanos cobardes que piden que desde Washington se someta al gobierno de la presidenta, pues ¡bienvenido Trump!

 En este país debemos dejar de ver las cosas con ojos infantiles, las crisis , a lo largo de la historia, es lo que genera que los individuos y las naciones evolucionen, no hay crecimiento sin dolor y si Trump significa el demonio y sus castigos, ¡bienvenido Trump! aquí, lo que debemos hacer es levantar el rostro y reinventarnos, no bajo banderas de un rupestre nacionalismo, sino con coraje suficiente para, en un acto de madurez, aceptar que somos una nación que ha ido de fracaso en fracaso, y me refiero a que una gran parte de las y los mexicanos están determinados a no salir de la zona de confort, a vivir en el vapor del sueño de que todo está bien, ¿ cuántos sonríen alegres mientras sus hijos e hijas perrean o escuchan corridos tumbaos condenados a el círculo  de miseria intelectual y por ende a la mediocridad social?.

¿Cuántos de clase media son indiferentes a las necesidades de los demás, atrapados en los falsos lujos de viajes pagados a plazos o créditos hipotecarios, egoístas de oficina? ¿Cuántos millonarios se enrutan hacia el panteón enfermos por poseer tanto , como si esas riquezas se fueran con ellas a la tumba, mientras en este enorme pueblo miles de niños y niñas viven en la más absoluta de las miserias?, ¿De qué dimensión es el barco que transporta a todos esos políticos que sudan millones , hinchados de corrupción, familias de hoy y de antes que su enorme virtud es haber sabido coleccionar inocentes en las elecciones para que nada cambie y sean  ellos, los políticos de todos los partidos, los amos de un México hambreado de justicia social?, ¿Cuántos criminales son sabedores que jamás, JAMÁS, serán llamados a cuenta mientras el sistema de justicia sea un casino, a mayor dinero más posibilidades de ganar  y sin dinero, no hay fortuna?

Trump puede sentenciarnos y cumplir todas esas idioteces que ha prometido, está en su derecho de ser todo lo patán, y es aquí, en este suelo donde nos debemos ocupar para que Trump o Godzilla no nos infeste de miedo y sigamos de rodillas, pero para que ocurra, es necesario que México sea sometido a el duro despertar de la adultez.

Si Trump nos induce al vómito, bienvenido, si con ello nos servirá de impulso hasta para saber el por qué la selección de fútbol es una porquería.

Es tiempo de enfrentarnos a nuestras sombras, ¿o qué? ¿Seguiremos creyendo que un capítulo de la Rosa de Guadalupe nos resolverá todos los problemas o que embobarse con el Tik Tok o Face hará que la realidad nacional deje de existir?

No, Trump es el último déspota del vecindario, el verdadero infierno lo hemos dejado crecer en este suelo.