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Picotazo Político / ¿Juárez? ¿Madero? Más bien es Plutarco

Miguel Ángel López Farías

14 de octubre de 1925, el presidente Plutarco Elías Calles promulga el decreto que eleva a Benemérito de la patria a don Francisco Ignacio Madero y se ordena colocar su nombre en letras de oro en el Congreso de la Unión.

La bendita historia y la terca memoria, un libro que deberíamos revisar de vez en cuando, digo, para eso de los paralelismos. 

Madero, sin duda un mártir de la democracia, pero un ingenuo en toda la extensión de la palabra, sus panegiristas lo reflejan como una especie de “David” que derrota a “Goliat», el dictador Porfirio Díaz Mori.

Existe un poco de razón en ello, pero nunca se habría logrado sin el “hilo negro” de los EUA, los cuales dejaron de querer al “llorón de icamole” pues el de Oaxaca decidió compartir con los británicos el petróleo nacional y a los quisquillosos gringada no les gusto…

Si Diaz no lo hubieses hecho, quitarle el negocio a los Yanquis, don Porfirio sería un héroe nacional y sus huesos estarían sepultados en el panteón de San Fernando y no los de Benito Juárez… pero le tocó a Madero equivocarse al nombrar a Victoriano Huerta como su hombre de confianza para acabar pronto con la rebelión de Félix Diaz (sobrino de don Porfis) y el final ya lo sabemos, Madero es fusilado en los patios de Lecumberri junto con José Maria Pino Suarez. Solo como nota, su hermano, Gustavo A. Madero se cansó de advertirle que Huerta lo traicionaría y así fue…

No sé por qué pensé en Gatell y su infinita capacidad destructiva. Pero regresemos a las efemérides convocada por Plutarco, de hecho, tocayo de Madero, Francisco Plutarco Elías Campuzano, lo de Calles lo adopta por uno de sus tíos, quien lo cuida desde temprana edad. Fin de la cita. 

Don Plutarco no era precisamente un demócrata, no se comparará con Madero, Plutarco Elías era el mismísimo retrato de lo que Maquiavelo describiría como el “príncipe”. 

El de Guaymas, sonora “barrio” prácticamente a todos sus enemigos y sus muy amigos… Obregón podría dar cuenta de ello. 

La creación de la figura del Maximato es su verdadero legado, imponiendo a sus sucesores, una vez que termina su periodo de 1924 al 28, su impositivo dedo señala a Emilio Portes Gil, a Pascual Ortiz Rubio, quien le renuncia ante una cascada de burlas por ser el pelele del verdadero amo de México, y continúanos con Abelardo Rodríguez y solo cuando el michoacano Lázaro Cárdenas del Río se faja los pantalones es que en su primer año expulsa al patrón de todo lo político.

Digamos que Elías Calles gobernó durante más de dos sexenios actuales, algo que cierto personaje añora cumplir para que se diga algo de su paso por esta nación fragmentada por los zacapicos cuatroteistas. La historia es una muy buena oportunidad para sumarnos al espejo de los tiempos actuales, los nombres y los rostros cambian pero las ambiciones y sus torceduras nunca se modifican, son rehenes de esa misma enfermedad que inoculó tanto a Huerta como a perpetuadores de su figura: el maldito poder por el poder.