Miguel Ángel López Farías 

La bolsa que estará en juego el próximo año es muy grande, no solo en términos económicos, sino por los hilos y resortes que se construirán o demolerán en torno a la conservación del poder del mandatario, si nos asomamos al padrón electoral nos encontraremos con que votarán 5 millones de mexicanos más que hace poco más de dos años, para el 21 serán 95 millones de mexicanos, sobre el tablero se disputarán 21 mil cargos de elección popular, desmenuzado se trataría de 500 diputados federales, 15 gubernaturas, mil 63 diputados de 30 congresos locales y mil 926 ayuntamientos de 30 estados. 

Ya la dicen “la madre de todas las batallas”. Pero esto que está por venir nos mueve a un ligero deja vu, pues parte de lo que vendrá ya sucedió en una acción: la de una sociedad que con el voto hizo que muchos que no debían llegar lo hicieran y no incluyo a la presidencia de la República, pues es bien sabido que AMLO toma el timón por que supo ser un gran producto electoral (como presidente no ha sabido serlo, pero esa es otra historia).  

El mayor fracaso y que hoy se padece es el que miles de cargos públicos fueron ocupados por personajes de bajísimo nivel, desde presidencias municipales hasta curules fueron etiquetadas en el mismo paquete de morena (claro que también de otros partidos), una marea que nos regresó mucho desperdicio humano y que rápidamente comprobaron que su “triunfo” había sido un muy lamentable accidente de las urnas.  

Las anécdotas sobre esa carnavalesca fauna han llenado muchos espacios informativos y algo más lamentable, provocando desastres en cadena en sus pequeños microcosmos de poder, cuantos mandatarios municipales, congresistas locales o federales ¿cuántos servidores públicos conoce usted son lo más parecido a los productos milagro de la política? ¿Cuántos casos sabe usted de hombres y mujeres que ganaron “por error” y se volvieron locos en los cargos? 

No debemos perder de vista eso, pues el fenómeno de la llegada de una clase a el poder, en el nivel que sea, nos ha significado una de las fallas más graves con consecuencias para todos.  

En el ámbito local, de muchos municipios, se conocen todo tipo de excesos, mezcla de arrogancia e ignorancia de los que arribaron, un camino que estamos obligados a no repetir y de alguna manera, en los partidos políticos, les debería “caer el veinte” de que insistir en repetir fórmulas caducas o de sospechosa procedencia los hará perder inevitablemente.  

Y permítame algo más ajustado a esta reflexión: los mexicanos que salgamos a votar (ojalá seamos los 95 millones) no podemos darnos el lujo de andar atrapando moscas con la boca abierta, ni comprar el primer “cachivache” que salga bien peinado en la tele o en los espectaculares, solo porque enseña los dientes o se le ve “encopetada”.  

Los votantes mexicanos deberemos abrir más los ojitos y darnos cuenta que la credencial de elector sirve para algo más que cobrar cheques, ojalá nos demos cuenta que ya crecimos y como adultos nos toca ser responsables de nuestras emociones y ocurrencias. Algo que debería incluir la credencial de elector es una leyenda así: “el uso de esta credencial es responsabilidad social del adulto que la porta”. 

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