Miguel Ángel López Farías
Es el que menos recursos económicos tiene y es quien más presencia mediática sostiene (es una especie de totem mediático), es quien más simpatías (hasta de la oposición) ha levantado por hacer lo correcto, es quien recibe sistemáticamente ataques de los radicales de su partido.
Es quien ha sufrido el desprecio y hasta la sorna de aquel con el que iniciara un movimiento político, es quien fue engañado con una falsa encuesta que lo dejo fuera de la jefatura de gobierno hace cuatro años, es el único dentro y fuera capaz de corregirle la plana a el mandatario por sus arrebatos reformistas, es quien ha merecido el reconocimiento de los opositores por ser un negociador respetuoso y con palabra.
Es quien no ha podido ser señalado de enriquecimiento ilícito o de ligas con grupos del crimen organizado, no ha aparecido en algún vídeo recibiendo «cash», es quien se ha ganado la lealtad y respeto de los suyos por salir a defender causas injustas como la de José Manuel del Río Vírgen, perseguido por el gorilato veracruzano.
Es quien ha encontrado respaldo dentro de su bancada pidiendo que se dejen de bajezas manufacturadas en palacio de ayuntamiento y propagadas por la señora de Campeche.
Es quien no ha recibido un trato equitativo ni parejo por parte del presidente en eso del juego de las «corcholatas» y, aun así, figura como uno de los mejor posicionados para el 2024, repito, sin los multimillonarios recursos de gobierno.
Es quien a los empresarios lo ven como un artífice del empleo y de la generación de prosperidad económica para el país.
El propio secretario de gobernación le mira como un interlocutor confiable.
El mismo secretario de relaciones exteriores lo «sube» a la propuesta de que «las corcholatas” debatan entre sí… por cierto, el canciller jamás lo ha atacado, ni en público ni en privado.
Es quien el propio gobierno de los EUA lo calificó como un reconciliador natural, con fuerza y confiabilidad.
Es bien visto por los militares y marinos, mismos que agradecieron el trabajo en el senado que les confirió una red de protección constitucional para continuar en las calles.
Es lo más parecido a un David contra un Goliat de mil cabezas.
Es el único que ha propuesto un plan de reingeniería nacional para salir del desastre.
Es quien mejor interpreta la necesidad de las vías reconciliatorias para sanar a México y ponerlo en marcha con nuevos pulmones y sin lagunas de sangre.
Es quien aparecerá en la boleta para el 2024 y que esa decisión le valdrá el peso del estado en su contra, tal y como ocurrió con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.
Es quien aún, con todo y lo que implica el desgaste por mantener a los poderes de la unión incorruptibles, sigue dando clases en la facultad de derecho de la UNAM sin tener que salir corriendo por el rechazo de sus alumnos.
Y sí, su sola mención, su nombre ya les quita el sueño a esas cofradías de mezquinos y abyectos que resultaron peores que los de antes.
Es el presidente que está por venir, excepto no le dinamiten a la mala la ruta.