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Picotazo Político / Dos ruedas 

Miguel Ángel López Farías

Es por necesidad, no se trata de un lujo, la ciudad aprieta tanto que buscamos que el día nos rinda y en un acto de valentía es que muchos y muchas buscamos la bendición de la rapidez para llegar a nuestro destino, el vehículo es de dos ruedas, soy biker, motero y como uno de esos 800 mil que nos movemos en la CDMX y otros tantos miles en el estado de México recurrimos al valor y jugamos volados con el peligro.

Pero el chiste es llegar, ahorrar tiempo, ser funcionales …unos con mayor pericia y prudencia y otros entregados en cuerpo y alma al arte del kamikaze, y claro que tienen razón los que nos ven como una plaga que se adentra por carriles, que invade rutas, que expone y se expone. Pero no todos, ojo, no todos salen a rodar buscando embarrar los sesos en el cofre de alguien o en el pavimento.

Nuestra búsqueda es un motivo universal, llegar bien y a tiempo, como prófugos de lo que envenena a esta capital, sus calles infernales que se tragan las horas – hombre o el transporte público destinado a aplastar cuerpos mientras secuestra la paciencia y tiempo de quien usa el metro, metrobús, CABLEBUS, taxi, tranvía (¿todavía existen?) y todo tipo de vehículo que va tragando ciudadanos o los vomita después de exprimirles la dignidad.

Quienes optamos por la moto sabemos que el precio es alto y ocupamos no solo grandes dosis de coraje, sino una especie de amor propio, raro para quien se juega la vida, pero es ese gozo de la libertad y autonomía, una pequeña venganza en contra del mundo, sobre todo en horas pico. Nosotros avanzamos, los demás humedecen sus mañanas o tardes en los caldos de la frustración.

Solo que, en este país, en esta soluble capital, las reglas para combatir en la jungla no nos favorecen. Nosotros, arriba de una máquina, de la cilindrada que sea, somos el costal de golpes de quien se le antoje saciar su mala vida. Por ello es que nuestra aportación al Mictlantecuhtli es brutal… cinco de cada diez muertos en accidente son motociclistas…y la gran mayoría no se debe a la imprudencia de ellos, sino a que a algún estúpido se le hizo fácil pasarse un alto o embobarse con el teléfono celular, ¿y qué me dice de los camioneros, mismos que todos los días despedazan la vida de un motero o de un auto familiar? 

Y podría decirme que hay mucha imprudencia de los bikers, y no le restó razón, existe una camada de chamacos, los “cachamotos “, que al ritmo del reguetón o de corridos tumbados surcan las calles como si su cuerpo fuera de hule. Desadaptados sociales que vuelan drogados o con la morra y su inseparable licuachela…si, el tío Ricky se ha hecho muy rico vendiendo motos en sus tiendas de ELECTRA a costa de la vida de estos mocosos ¿por qué no se regula?, primero el negocio, ¡faltaba más!

Pero es aquí en donde la autoridad vuelve a fallar , pues no se le ha querido entrar con firmeza al tema , comenzando por multar de verdad a los automovilistas que por alguna suicida razón conducen y van texteando (es impresionante la cantidad de accidentes que se generan por “ir con el celular” manejando) y en su segundo , esa distracción produce que la siguiente victima sea un motociclista, así como el ruego de que todo conductor sepa para qué demonios son las direccionales (esa sencilla función está negada en el cerebro de muchos taxistas).

Pero de igual manera, es urgente que la corrupta policía de tránsito (CDMX y Edomex) apliquen todo el peso de la ley a tantísimos idiotas que hacen de la moto o motoneta el vehículo familiar, con todo y señora abrazando a bebés…

todos hemos visto esas escenas y la policía brilla por su ausencia, ni las cámaras del c5 son capaces de detenerlos… lo menos que debería ocurrirle a quienes llevan a sus niños es un castigo realmente fuerte pues a nadie en el gobierno parece importarle el peligro de muerte en el que se encuentra un pequeño o bebé siendo cargado por si madre o padre en una chacamoto y todos sin casco.

Ahora bien, quienes nos movemos sobre dos ruedas y consideramos a este vehículo como parte de nuestras soluciones de trabajo o traslado, hemos de señalar que hacerlo en una ciudad como esta representa correr el riesgo de sufrir todo tipo de accidentes, la zona metropolitana es una trampa de muerte , las calles y avenidas son un reto y si perdemos, un socavón, un bache, una coladera abierta , la grava suelta , el tope que no se ve, todo, nos apunta a la cien listos para matarnos… ¿quién responde por ello?

Jamás Clara Brugada o algunos de sus pequeños colaboradores…todos los días reportamos accidentes de motociclistas debido a los baches, es un círculo vicioso, demasiado estúpido, en donde todos sabemos dónde se mató el biker, lo tapan y metros adelante vuelve a ocurrir, vaya forma de rendirle tributo a la muerte, un bache o socavón es una ofrenda y somos nosotros los que ponemos los huesos y sangre.

Hoy, desde este espacio del picotazo político rindo un homenaje a los buenos y buenas motociclistas, no a los orcos que empuercan tres marías o los drogadictos del acamoto. Sino los que hemos encontrado en las dos ruedas una manera peligrosa, pero realista, de salvar el día a día, aún con lluvias e inundaciones, con frío o temperaturas de hasta 50 grados debajo de la chamarra y casco.

Hermanos guerreros y guerreras, harleros, de buena cilindrada, chopers, de doble propósito, crucero, de pista, motonetos, Ubers y Didis con sentido de responsabilidad, que la ruta les sea leve, que lleguen con bien a su destino y que eviten a toda costa los aires de guerra civil que provocan las doñas que se van maquillando, el tipejo que va texteando, el microbusero vale madres o el trailero que intoxicado va aplastando a quien se le atraviese.

Moteros, vamos a cuidarnos entre nosotros y si, no somos millonarios excéntricos trepados en máquinas carísimas probando la adrenalina de ir a lado de un automovilista que no nos ve o peor, que nos odia, somos padres y madres de familia, estudiantes, obreros, empleados bancarios, secretarias, profesionistas, policías, jóvenes, adultos, somos quienes buscamos provocar la purga a la parálisis que se da en esta ciudad.

Así que, si nos ven en la calle, no nos maten.