Miguel Ángel López Farías
Los 31 al patíbulo suena como título de película, su contenido descansa en la feroz persecución del gobierno de AMLO en contra de hombres y mujeres de ciencia. Para una gran mayoría de mexicanos la trama va quedando clara, venganza pura, excesos de un poder que surge de la arrogancia de aquellos te creen que no se acabará el sexenio y continúan cavando la fosa de su desprestigio.
Pero detrás de este embate, se encuentra el profundo desprecio de una administración a todo aquello que no piense igual a él. El presidente de México carga un duro repelente hacia la inteligencia, divorciado de cualquier autocritica, repudia a sus críticos, no porque se tenga razón o no, sino por qué está en su naturaleza no escuchar más voz que la propia.
Este gobierno y sus estrategas han marcado una línea muy clara que marcha en contra del pensamiento libre, del que los cuestiona ante los ridículos resultados de la 4T. El que busque meter en una prisión de alta seguridad a estos académicos y no a sus protegidos narcos refiere a él donde se encuentran las fobias y filias de un hombre que prefiere entregar a su gobierno a los criminales que abrirle el camino al país a una ruta de conocimiento y debate.
Nunca, un dictador en la historia ha sido un promotor de los flujos de las ideas, nunca un iluminado ha permitido los juegos de las balanzas. Nunca, un populista ha dado espacio a los que proponen estrategias muchos más efectivas y de largo alcance.
No es que López obrador haya elevado una cruzada en contra de la corrupción en las áreas académicas (que seguramente existe) o que deteste a los periodistas chayoteros (vaya que existen y se hoy se hacen las víctimas), pero lo que se esconde detrás de esto no es más que el sistemático desmantelamiento de los mecanismos que le habían venido dando resistencia a los deseos de ese viejo poder presidencial que se niega a morir.
Nunca ha sido más claro, López obrador está moviendo sus piezas hacia la hitlerizacion de su mandato.
















