Miguel Ángel López Farías

La confianza, ese valor que en estos tiempos es tan mencionada para situaciones tan útiles como la viabilidad de una nación, Pepe Mujica, el invitado querido y bien recibido en México, un ideólogo con la serenidad suficiente como para expresar lo que quiera sin que sea cuestionado, y marcadamente una mejor visita que Evo Morales, un fantasma que a los tres días ya apesta.

Mujica ha dicho que lo que necesitamos es tolerancia, lamentando los fanatismos y llamando a la diversidad de verdades, un hombre que pide equilibrios, no para entender a López Obrador, sino entre los mexicanos, y muy bien por él, pues en ese otro valor de la tolerancia nos debemos concentrar para llegar al núcleo de la confianza, algo tan ausente en estos tiempos en los que desde distintos pulpitos se fustiga a quien no piensa igual, y algo más grave, se orada la base del creérnosla, de la siembra de solidaridad y buen camino para que México deje de ser este campo minado, en donde poner el pie en zonas desconocidas bien podría dejarnos amputados.

Por ello ni Mujica, ni los empresarios mexicanos se equivocan al manifestar que lo que México necesita, lo que este gobierno requiere es saber encabezar la gran transformación de lo que creemos que somos, que en un ejercicio honesto de política se nos diga hacia dónde vamos, no solo que se reiteren las promesas y cantos vacíos de que un añito más bastara para que entonces el carnaval de la vida llegue a nuestros rostros, así no va la cosa, y los hombres y mujeres del dinero en el país, los generadores de empleos y de que esto no termine de convertirse en un infierno han dicho a través de las distintas mediciones en materia de confianza y de certidumbre, es el panorama que no se alcanza a distinguir, el que se habrá de hacer desde las oficinas de gobierno, desde el núcleo de la presidencia, en donde se fabrican los votos de confianza para que quien desee abrir la cartera lo haga sin temor a que el mar de la economía se encrespe y termine hundiendo los barcos de la inversión.

Realmente preocupan los números que arroja el Inegi, en donde ni los constructores, ni las demás ramas productivas de la nación tienen la confianza de sentirse en suelo firme, certero y con horizontes que arrojen claridad , tan es así que el mismo Banco de México ( bendita autonomía de este organismo que tanto incomoda a los de la 4T) señala que el país no crecerá, que andaremos en un ridículo 0.04%, ni siquiera un cuarto de punto, ni la mitad, ni uno.

Es la desgracia en graficas que amainan los sueños de que nos vaya a ir mejor, nada de eso, seis meses que habrán de venir, según los datos de 39 grupos de análisis y consultoría, que significarán un paseo por el averno.

Adiós a la confianza, adiós a la tolerancia , pues los tiempos no pintan más para que México sufra un mayor desgaste social, en donde, casi lo podemos escuchar, se continuará responsabilizando a los que ya se fueron (y cierto es que han sido responsables de muchas calamidades, pero ya no están al frente de esto, son otros a los que les toca), así que Mujica, don Pepe, con buen olfato y experiencia hace un llamado a la gran ausente, la unidad nacional, a la tolerancia, a la histórica condición de soportar lo que no queremos ver, pero que si resentimos en el microcosmos de las desgracias económicas personales, fuente de desempleo y de agobio.

En serio, nada es más deseable que el gobierno actual ponga toda la carne al asador, que revitalice el ánimo por medio de dardos certeros, que abran el apetito de los inversionistas por medio de proyectos cargados de confianza y buen gobierno.

A nadie conviene que lo que hoy es un debate sobre hasta dónde estamos en recesión, después se convierta en crisis económica, morosidad de pagos, más despidos, caída de la inversión pública en programas de gobierno, no se pide otra cosa, ojo, que quien hoy es cabeza solidifique la vital confianza entre todos los que gobierna.