Miguel Ángel López Farías

Al principio de la pandemia, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, había mostrado una sana distancia en los términos del manejo de la misma, mantenía un perfil responsable, el mensaje era de una “académica”, alguien con mayor sentido común a diferencia del show de horror que se vertía en las mañaneras en donde el presidente se negaba a usar cubrebocas.

La doctora, jefa de gobierno, no rimaba con López-Gatell, nunca le dio “juego”, tomó distancia y los habitantes de la metrópoli encontraron en sus mensajes videograbados un contrapeso a la manipulación de Gatell y sus gráficas.

Pero llegó la tragedia de la línea 12 y lejos de ser empática con las víctimas y compararse como una política responsable, optó por “arrojar su resto” y proteger a su amiga Florencia Serranía, entonces directora del Metro.

Sheinbaum “quema sus naves” y se pone detrás de su mentor, el presidente, mismo que toma el control de la narrativa de la 12 y decide tratar de esconder debajo de la alfombra la tragedia del metro.

Este acto, sumado a un sentimiento ciudadano de constantes agravios, potenciado por la crisis económica y la pandemia, llevan a que en el mural electoral se pinte una nota reprobatoria en contra del partido que venía dominando a la ciudad, Morena pierde 9 alcaldías de 16 y lejos de que la doctora Sheinbaum de una fría lectura a este voto de castigo, vuelve a apostar sus aspiraciones en el dorso de su protector y réplica el mismo guion del mandatario, el que acusa a la clase media, previa manipulación de los malditos medios de comunicación por la derrota en la CDMX.

La llegada de Martí Batres, más que un político ,un porro, confirma que doña Claudia ya no es dueña de su futuro, pues contrario a mostrarse como una estadista que opere una estrategia de reconciliación con los que no votaron por su partido, se entregó a los duros, capitula un buen paso, buscando el mayor patriarcado, que en el argot de la política mexicana se traduce como “Maximato”, aquel pasaje de nuestra historia en donde el general Plutarco Elías Calles, una vez terminado su mandato, prolongó su proyecto al imponer y manipular a sus sucesores, el más vergonzoso, Pascual Ortiz Rubio.

El presidente da inicio a su segundo tercio de sexenio, es y será el gran elector, busca pasar al futuro como el que cambio a México, aunque la realidad nos escupa otra cosa, sabe que requiere a alguien que no le genere contrapesos ni sombras… y es ahí en donde, desde una equivocada lectura, busca afianzarse la doctora Sheinbaum.

Una mujer que podría escribir su propia ruta, con mejores escenarios, pero ya se decantó por una estrategia de choque, muy al estilo de su guía. 

¿Cree realmente que los mexicanos deseamos más capítulos de violencia y de cerrazón? ¿no es acaso el momento de una mayor estatura de miras? ¿Estará a tiempo la doctora de traducir lo que ocurre entre los habitantes de esta capital? ¿Así quiere pasar a la historia?