¿Gustar? No sé por qué no va a gustarme.

¿Es que le dejan a un chico blanquear

una cerca todos los días?

Las aventuras de Tom Sawyer

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

En las últimas semanas han fallecido varios personajes con quienes, de una u otra manera, tuve oportunidad de coincidir en los diferentes medios de comunicación en los que he trabajado y también a través de los micrófonos. Hace unas semanas se fue Gabriel Casullo García, periodista de la fuente policiaca, a quien era un deleite escuchar. Luego, Francisco Garfias, con quien tuve el privilegio de coincidir, compartir un café y conversar sobre distintos temas. La semana pasada, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, figura importantísima para romper con aquel régimen priista.

Aquella columna dedicada al ingeniero la cerraba con una reflexión: ejercer el periodismo resulta un lugar de privilegio para ver el paso diario de la historia, sus sucesos y personajes. Uno no siempre los dimensiona por la intensidad de las jornadas y la inmediatez de la información, pero esas entrevistas y esos trabajos representan pequeñas victorias para los reporteros.

Entre esas despedidas está la de un personaje del periodismo deportivo que merece una mención aparte: Carlos Albert Llorente, ícono de la televisión de las décadas de los setenta y ochenta, formado en los medios junto a José Ramón Fernández. Quizá se podría decir que fue su formador, pero ya sabe usted aquello de los egos en esto de los medios de comunicación. Nadie le puede negar su rigor para ejercer el oficio, la crítica dura, hasta llegar a calentarse y gritonearse con otros personajes. Ese era Carlos Albert.

Y no crea que fue mi amigo, pero nos cruzamos en varias ocasiones y, siempre que necesitaba el comentario certero de un conocedor del mundo deportivo, tuvo la amabilidad de tomar la llamada y entrarle a los temas. Luego, claro, no lo podía controlar y más de uno se ponía a temblar, pero a él le gustaba y a mí también me gustaba esa polémica.

El primer encuentro se remonta a mis años de estudiante. En una ocasión lo encontré en el Metro, sí, cuando él era figura de DeporteTV. En mi casa, junto a mi padre, siempre veíamos ese programa. Por aquellos días estaba peleando su salida de la televisora y, claro, aquello se debía a sus severas críticas. Siempre hay intereses. Se tomó el tiempo de platicar conmigo y yo me seguí de Tacuba hasta Mixcoac. Así de sencillo: un estudiante que admiraba a un personaje de la televisión y que tuvo la oportunidad de conversar con él.

Solo hay que recordar que fue partícipe de la denuncia periodística que destapó el tema de los «cachirules», aquellos federativos corruptos que alteraron las actas de nacimiento de futbolistas para que participaran en una categoría menor. Aquello fue un escándalo y la FIFA dejó fuera a la selección mexicana del Mundial de Italia 1990. No solo estuvo en juego lo deportivo, sino también las pérdidas económicas que aquello provocó.

Luego de su paso por el Instituto del Deporte del DF, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, donde estuvo apenas un año y meses, enfrentó presuntas irregularidades que lo llevaron hasta la inhabilitación. Posteriormente, se retractaron y se levantó aquella sanción. Albert se volvió más crítico. En Perspectivas Periodísticas, programa que se transmitía por Cambio 1440, hablamos en varias ocasiones sobre temas deportivos durante el sexenio de Felipe Calderón, particularmente del actuar de Carlos Hermosillo, entonces director de la Conade, a quien Albert criticaba con todo.

Una vez me lo encontré en una cafetería en la que coincidíamos, sobre Paseo de la Reforma, cerca de Radiorama, donde yo hacía La Otra Frecuencia y él estaba en Efekto TV. Platicamos de varios temas y me lo llevé a la cabina. De inmediato aceptó hablar sobre la condonación de impuestos durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto: aproximadamente 2 mil 620 millones de pesos perdonados a 12 clubes y asociaciones pertenecientes a la Femexfut y la Liga MX.

Después, cada vez que había alguna polémica, siempre estaba dispuesto a entrarle. Repetimos el ejercicio en ABC Radio, en El Punto Crítico de la Noticia, y en Radio Capital, en El Poder de la Palabra. Le gustaba la polémica, se sentía cómodo y en una discusión no se guardaba nada. Albert entendía que el periodismo deportivo no consistía solamente en hablar de resultados, goles y partidos; también había que señalar los intereses, los abusos y la corrupción que se escondían detrás de las estructuras deportivas.

Y ahí está el asunto de fondo: los gobiernos pasaban, cambiaban los discursos y los personajes, pero el deporte seguía siendo un tema secundario, utilizado para el lucimiento político cuando convenía y olvidado cuando se trataba de resolver sus problemas. Y así seguimos, sumidos en esa espiral.

Sin ser cercanos, gracias siempre, Carlos Albert, por tus comentarios y tu disposición para participar en la radio. Hace falta ese rigor… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.