Mi mente se rebela en el estancamiento.
Dame problemas, dame trabajo, dame el criptograma
más abstracto o el análisis más complejo
Sherlock Holmes
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
En los últimos días han reaparecido algunos de los personajes más preponderantes de la política nacional del pasado: Vicente Fox Quesada, que ya anda con bastón; Felipe Calderón Hinojosa y hasta Carlos Salinas de Gortari. Hace unos meses lo hizo Ernesto Zedillo, que también se metió en una polémica. El que no se ve por acá es el licenciado Peña, como le decía el Pejelagarto; aquel goza de la vida en Europa con sus amigas y que el mundo ruede.
Ayer se realizó el foro “América Libre, Unidos por la Democracia”, donde estuvo Felipe Calderón como uno de los oradores. Tal y como se esperaba, las críticas contra los dos gobiernos de la 4T no se hicieron esperar. El michoacano dijo: “Estamos regresando a la dictadura perfecta”. Con ello, de alguna manera, justifica su presidencia, aquella de la guerra contra el narco y la llegada del narco al poder con Genaro García Luna. No hay cómo negarlo y nada de que no sabía.
Mientras adentro se escuchaban aplausos de los asistentes, afuera un grupo de personas se manifestó en contra de Calderón. Les gritaron a los que iban entrando y dijeron ser extrabajadores de la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, aquella que extinguió Calderón y que llevó al SME a una larga lucha, aunque los dirigentes sindicales siempre viven en una burbuja y luego se convirtieron en brazo de choque de López Obrador.
Luego, otro grupo de violentos se trasladó a Los Pinos, la suntuosa casa que ocuparon los presidentes desde Lázaro Cárdenas, en 1934, y por cuyos jardines corrió el niño Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien no pudo regresar como presidente, hasta Enrique Peña Nieto, en 2018. Ahí, los desquiciados entraron y golpearon la estatua de Calderón hasta decapitarla. Por cierto, lleva tirada más de un año en el abandono. Nadie hizo nada para detenerlos. Que conste: es un espacio cultural de la nación. ¿A poco se va a poder hacer lo que sea, siempre y cuando se haga escarnio del contrincante?
El tema es: ¿quién los manda? ¿Quién los patrocina?
El otro que reapareció en un video fue Andrés Manuel López Obrador, desde La Chingada, su finca donde se ha recluido. Hizo un video largo, ya sabe, se aventó uno de esos discursos de siempre. Dijo que ya está jubilado de la política, habló de los principios de Morena: “no robar, no mentir, no traicionar”. Al paso del tiempo, aquello solo fue retórica barata de un populista. Claro que las redes ardieron de ambos bandos.
Ni López ni Calderón: ninguna disculpa por tanta violencia en sus sexenios, por haber perdido territorios ante el narco durante sus respectivos gobiernos, por tanta muerte, por los desaparecidos y ni por las madres buscadoras. Solo palabras. Ellos pusieron los dos peores sexenios y la población, el sufrimiento.
Con Felipe, alrededor de 124 mil asesinados y más de 17 mil desapariciones. Con Enrique Peña Nieto, alrededor de 156 mil homicidios dolosos y 34 mil 557 desaparecidos. Con López, más de 200 mil muertos y 54 mil nuevos casos de desaparecidos.
Al final, unos y otros le han fallado al país. Cambian los discursos, los colores y los protagonistas, pero los problemas siguen ahí: violencia, impunidad, desaparecidos y una sociedad cada vez más dividida. La polarización continúa y pareciera que el pasado se utiliza para golpear al adversario, pero pocas veces para asumir responsabilidades. Mientras ellos regresan a los reflectores, la población sigue cargando con las consecuencias. Y entonces vuelve la pregunta: ¿quién los manda?
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