Era muy niño cuando descubrí

que la gente se moría.

Eso no lo he olvidado nunca;

siempre está presente en mí.

Juan Carlos Onetti

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

De nueva cuenta se realizó una protesta de periodistas afuera de la Secretaría de Gobernación, el motivo fue el mismo que en las cuatro ocasiones pasadas, el cobarde asesinato de un periodista, ahora le tocó al oaxaqueño Heber López, director del portal Noticias Web a quien ultimaron en presencia de su hijo, esta muerte se suma a los nombres de Margarito Martínez, José Luis Gamboa, Lourdes Maldonado y Roberto Toledo, la violencia contra comunicadores desatada como nunca.

Las protestas por los periodistas asesinados en fueron convocadas en Ciudad de México, Cancún, Cuernavaca, Campeche, Xalapa, Chihuahua, Mérida, Tepic, Guadalajara, Hermosillo, Culiacán, Orizaba, Querétaro, Ciudad Juárez, entre otras entidades.

Como en otras ocasiones, quizá como parte de la estrategia de seguridad, la calle de Abraham González a media luz, un puñado de policías atrás de las vallas que rodean la entrada del Palacio de Cobián para luego desaparecer en la oscuridad, ningún funcionario de la oficina de Alejandro Encinas asoma la cabeza, las velas se van encendiendo una a una para acompañar cinco sillas vacías con las imágenes de los difuntos, mientras los fotógrafos y camarógrafos toman sus imágenes, los de radio pasan la nota vía celular y otros apuntan en sus libretas, la mayoría de los quejosos no dejan de trabajar.

Insisto, la calle en penumbras como un signo de lo que ha sido el gobierno de la 4T en el tema de protección a periodistas y activistas, de los primeros van 50 muertos y de los segundos 28 han perdido la vida convirtiendo a México en el país más violento para ejercer el oficio periodístico, todo mientras se libra una guerra sin sentido entre el presidente López Obrador y Carlos Loret de Mola que parece un pleito entre particulares, pero que arrastra a todo el gremio, invita a la violencia y denigra el mismísimo presidente.

Desde la máxima tribuna el Pejelagarto pide que todos los periodistas den a conocer cuánto ganan, qué negocios tienen, mide con el mismo rasero a un comunicador de Televisa o Azteca contra aquellos que hacen su trabajo con los mínimos elementos, los que arriesgan la vida porque sus salarios no alcanzan para pagarse escoltas, no comen en restaurantes de lujo y no entran a las oficinas de los funcionarios, no tienen yates, no van de vacaciones a Europa y los patrones son participes de la inseguridad, los salarios que brindan son de miseria, no hay seguridad social y con todo y eso le entran a buscar la nota, a denunciar.

Ahora que el presidente López Obrador mandó una solicitud para trasparentar los bienes de Loret de Mola al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), se convertirá en una jugada de dos bandas, pegarle al periodista y al organismo cuando este se niegue a cumplir lo requerido por López.

Se están cumpliendo diez años de la entrada en vigor de la Ley para la Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, con la llegada de López Obrador y el nombramiento de Alejandro Encinas se abrió una ligera esperanza para que la justicia llegara, muy pronto se esfumó, Encinas acepta que en el caso del asesinato de periodistas el 90% queda impune y no bastan sus buenos deseos, ni indignarse en comunicados que ni redactan los funcionarios, en este como en otros frentes puro gatopardismo, nada cambió y lo peor es que probablemente habrá nuevas muertes de compañeros.

En esa manifestación también estaban los colegas de Notimex que tienen dos años en huelga a pesar de que Andrés Manuel López Obrador le dio la instrucción a Sanjuana Martínez de que dialogaran, sabemos que la idea de Jesús Ramírez Cuevas es terminar con la agencia. Los ausentes de la marcha Paco Ignacio Taibo II, Jenaro Villamil y otros que antes encabezaban, gritaban y se pronunciaban, hoy están en silencio como lo hicieron esos que tanto criticaban, resultaron iguales… Pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.