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Palabras Más / ¡Ojalá fuera mentira!

Eliminar todos los demás factores,
y el que permanece debe ser la verdad
Sherlock Holmes

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Aquí le he dedicado muchas columnas al tema del desabasto de medicamentos, porque resulta indignante que quienes se dicen diferentes resultaran peores en aquello de la atención médica y la entrega de los medicamentos necesarios para los tratamientos.

El tema es delicado porque se juega con la vida de los pacientes, nada más. Aquella palabra empeñada por el Pejelagarto hoy no vale nada. Dijo que en enero, luego que en mayo, que en diciembre y nada. Se terminó el sexenio y no fuimos Dinamarca.

Hace unos días, a pregunta de un reportero en su conferencia, la presidenta aceptó, a regañadientes, que sí hay desabasto; bueno, que faltan algunas claves. Dijo que no hay protestas ni de médicos, ni de personal y tampoco de usuarios. Pero las marchas están ahí, son prueba
tangible. Y, como decía el otro: “ni los veo ni los oigo”.

La escena de la entrevista que hizo la periodista Azucena
Uresti al oncólogo pediatra Sergio Gómez, médico del sistema de salud de Veracruz, pone la piel de gallina. El doctor se quiebra al hablar de la falta de tratamientos y de cómo esto afecta a los pacientes, sobre todo a los infantes con cáncer.

Se traga saliva. Son vidas que se van y son médicos que
tienen que lidiar con los familiares, con la voz de su conciencia, con la ética y dar la cara por algo de lo que no son directamente responsables.

El doctor Sergio Gómez, quien asegura tener 22 años trabajando en el sistema de salud de Veracruz, se atrevió a levantar la voz y dijo una verdad: no son enemigos del gobierno. Son trabajadores de la salud que quieren tener lo necesario para hacer su trabajo. Pero los populistas son así, prefieren verlos como enemigos antes que aceptar la realidad.

Luego está el desdén de la gobernadora, Rocío Nahle, quien
se refiere al doctor y a la situación que se dio en el programa de la comunicadora como un show montado. Pero ya sabemos, ellos trabajan, según, todos los días, atienden todo. Pero todo pasa.

Esa frivolidad es la que termina alejando a los gobernantes
de los gobernados. Ya pasó con los priistas, ya pasó con los panistas y ahora parece que la historia se repite. Porque así es la prepotencia del que gobierna: mientras desde el poder dicen que todo está bien, en los hospitales la realidad es otra.

Ojalá fuera mentira lo que cuenta el doctor. Ojalá no
hubiera pacientes esperando medicamentos, familias buscando respuestas y médicos obligados a dar la cara. Pero no lo es. La realidad está ahí, frente a todos, aunque desde el poder prefieran no verla.

Porque una cosa es el discurso y otra muy distinta es la
vida de un paciente que necesita un medicamento y no lo encuentra. ¿Qué fácil resulta descalificar desde el poder?…

Pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.