Nadie se enfada con un matemático
o con un físico al que no entienden.
Uno sólo se enfada cuando
lo insultan en su propio idioma.
Jacques Derrida
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
El día y la hora llegó para hacer una medición de la popularidad del presidente, el más abiertamente ególatra que haya tenido el país, no se trata de un ejercicio democrático que pueda sacar de Palacio Nacional a López Obrador por sus malos resultados, que dicho sea de paso ser presidente fue su máximo sueño y se tardó más de 20 años en conseguirlo, cuando ganó en el 2018 nadie le regateó nada, había obtenido el triunfo con un amplio margen y tuvo legitimidad institucional a través del INE y de los tribunales, esos que hoy pretenden dinamitar con una consulta a modo para intervenir al árbitro electoral con miras a la sucesión presidencial y que costará mil 692 millones de pesos.
Los malos resultados y la corrupción de la 4T supuran todos los días, ahí están los escándalos y las justificaciones de tantas horas en sus 682 mañaneras, lo mismo que los señalamientos, las mentiras y los juicios sumarios a los que ha sometido López Obrador a sus opositores que son lanzados a las jaurías rabiosas de las redes sociales, así se comporta el aparato de comunicación que opera Jesús Ramírez Cuevas, eso sí, se envuelven en la bandera de las libertades plenas, se dicen los más humanistas pero a la primera arremeten contra periodistas, activistas, defensores de derechos humanos, sociedad civil y hasta la clase media.
Pero regresando al tema principal y con la fuerza del contrasentido, no se puede revocar a un presidente que ha decidirlo no serlo, a quien se asume como jefe del Ejecutivo pero solo de sus casi 31 millones de ciudadanos que se traducen en votos, de quien ha olvidado su juramentó del 1 de diciembre del 2018 en la Cámara de Diputados, hoy grita el Pejelagarto sin recato “no me vengan con el cuento de que la Ley es la Ley” pero usa a las instituciones como la UIF y la FGR para doblar a quien se ponga enfrente.
A los más pobres los ha vapuleado en un sector salud que es un desastre, donde el Insabi es la marca del fracaso y la pandemia del SARS-CoV-2 desnudó la corrupción, los puso contra la pared y ahí están los 323 mil 720 muertos por el Covid-19, los mil 602 menores fallecidos por el cáncer a los que se les dejó de surtir sus fármacos y que Hugo López Gatell llamó golpistas en un programa de caricaturistas del régimen, los 134 millones 661 mil 538 medicamentos caducos que no se entregaron mientras en las clínicas a los enfermos les negaron hasta un paracetamol.
Sea cual sea el resultado, el presidente no se va a ir, pero si hay una ratificación de sus políticas de empobrecimiento para aquellos que son su mercado, los pobres más pobres y dependientes de programas sociales. La 4T en una fábrica de pauperizar ciudadanos, hay 12 millones de pobres más, a pesar de los aumentos al salario mínimo la combinación de la inflación en 7.05 no alcanza para comprar la canasta básica que asciende a más de mil pesos, hay un déficit de empleos y la gasolina arriba de los 22 pesos, la gente tiene que recurrir al subempleo para sacar sus gastos.
En la seguridad no hay nada que renovar en la boleta, sus números nos indican que será el sexenio más violento por encima de Felipe Calderón y de Peña Nieto, no hay captura de grandes capos ni reducción en las masacres, hay territorios en los que la Guardia Nacional ni entra, las autodefensas continúan armados, las Fuerzas Armadas siguen fuera de los cuarteles, el fiscal General de la República procurándose justicia y Rosa Icela Rodríguez encargada de todo y nada.
Ese recurso de la revocación de mandato es seguir el libro del populismo al pie de la letra y que en otras latitudes sirvió para instaurar a los tiranos por tiempo indefinido enmascarados en la democracia, pero en la realidad son dictaduras que le han puesto la bota en el cuello a sus gobernados. Insisto, a López Obrador no le alcanza su capacidad para convertirse en un dictador, ni las condiciones geopolíticas se lo permitirían, pero eso no implica que no lo intente… Pero mejor ahí la dejamos.















