Era el típico galeno rutinario,
sin edad ni color de tez concretos,
con un fuerte acento de Edimburgo
y casi tan emotivo como una gaita.
Robert Luis Stevenson
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
López Obrador dejó a todos con la boca abierta cuando en una entrevista con Ciro Gómez Leyva en el 2018, antes de iniciar el proceso electoral que lo llevó a la presidencia en su tercer intento, ahí dijo que su ejemplo sería suficiente para terminar con la corrupción que habían dejado los gobiernos anteriores, luego se aventó aquello de los “abrazos y no balazos” y que convocaría a un gran pacto nacional para exaltar los valores de los mexicanos, se necesitaban dos dedos de frente para saber que sus probabilidades de éxito eran nulas.
El pejelagarto se convirtió en uno de los más férreos críticos de Felipe Calderón y su guerra contra el narcotráfico, del 2006 al 2012 se presentaban capturas de capos prácticamente todos los días y se difundían en televisión nacional, miles de spots inundaban los medios de comunicación, pero la inseguridad lejos de disminuir se incrementó a números jamás vistos en el país, 120 mil 463 muertos, para los desmemoriados, varios medios tenían un contador de los que perdían la vida.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto la cosa no cambió en aquello de la estrategia contra la delincuencia, solo le bajaron al estruendo comunicativo y las detenciones fueron más discretas, pero la violencia seguía imparable. Con Vicente Fox se evadió en el 2001 al capo más peligroso, Joaquín “El Chapo” Guzmán y no se supo nada de él hasta 2014 con Peña cuando se logró la captura, luego se les fugó en 2015 y un año después lo recapturaron para su extradición a Estados Unidos. Esos acontecimientos se dieron en el preámbulo de la visita de Donald Trump a nuestro país.
Como le comentaba al inicio, la administración de López Obrador se vio sometida a una gran prueba el 17 de octubre del 2019 con la primera detención de Ovidio Guzmán al que también se conoce como “El ratón”, en aquel triste pasaje la 4T quedó ridiculizada. El presidente mintió, dijo que su gabinete de seguridad había tomado la determinación para dejarlo en libertad, luego en un ataque de franqueza aceptó que él dio la orden, según para cuidar la vida de los ciudadanos que estaban en el fuego cruzado, utilizó su garrafal error para pregonar su falso humanismo.
A primera vista puede calificarse como un logro para López Obrador y su gobierno la detención del capo, pero no resuelve el déficit en seguridad que tienen los humanistas, como no son claros en las informaciones que difunden todo queda a la especulación o al trabajo de atar cabos para intentar construir escenarios.
Estamos a unas horas de la visita del presidente de Estados Unidos Joe Biden, con quien López Obrador ha tenido una serie de fricciones y eso sería un presente para congraciarse y disipar las dudas de alguna posibilidad de relación entre López Obrador y el pacto narco, que conste que hay varias denuncias como las de Porfirio Muñoz Ledo, Lily Téllez, y periodistas como Anabel Hernández.
Al gobierno de López le tomó más de tres años ir por Ovidio, la orden tuvo que salir de Estados Unidos y qué rápido actuaron, quizás la DEA dio información o alguna otra corporación del país vecino, pero la inteligencia de la 4T ha sido omisa y teniendo información, pero no han querido ir por los malos. En aquello de los pecados, también se incurre por omisión… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.















