Para el mexicano la vida es

una posibilidad de chingar

o de ser chingado.

Octavio Paz

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Cada vez que el Pejelagarto puede mencionar que “la vida pública debe ser más pública” tiene razón, no hace mucho cuando era oposición pugnaba para que se transparentara todos los movimientos de los gobiernos de Felipe Calderón y de Peña Nieto que buscaban por cualquier lado encubrir sus manejos, pero en su tiempo fueron denunciados por el periodismo y el tiempo puso a cada quien en su lugar y López Obrador aprovechó la coyuntura para convertirse en el presidente en su tercer intento.

Parece que eso de la transparencia ya no le gusta al inquilino de Palacio Nacional, o que se aplique a los otros porque él quiere confianza ciega, pero los mecanismos e instituciones no entienden de moral ni de buenos ejemplo, la regla se debe aplicar a cualquiera y si no se debe nada pues no hay que temer, claro que no es el caso de la 4T que todas las semanas dan tema para el escándalo, dan de que hablar para la opinión pública critica, para sus detractores, no para los partidos de oposición que esos están entrampados en sus guerras intestinas y el tabasqueño los tiene sujetos.

Que conste que el tema del “testamento político” de López Obrador lo subió él a las mesas de las discusiones y este fue secundado por sus incondicionales como la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, que francamente raya en lo disparatado al catalogar ese documento como “un legado para la nación”, bajo ese argumento podríamos decir que ella tuvo acceso a tal documento, pero más allá, se puede leer como que la salud del presidente López Obrador no está nada bien.

Luego de la exhibida que le metieron por la lujosa vida de su hijo José Ramón López Beltrán en EU, el presidente está más que enojado y lo demuestra, se le ve con la quijada trabada, ya no hay tolerancia, ya hasta le molesta que lo graben mientras práctica beisbol, pero hay que recordarle que el primero en hacer su vida pública fue él, video tras video en las redes sociales, recargado en los árboles de Tabasco, al pie de los ríos en Veracruz, comiendo garnachas al lado de las carreteras, mientras maneja su esposa y… ¿ahora le molesta?

La discusión si la salud del presidente debe darse a conocer viene, por lo menos, desde Vicente Fox Quesada que fue sometido a una intervención en la columna y luego nos enteramos que tomaba antidepresivos suministrados por Marta Sahagún, lo mismo pasó con Felipe Calderón y su supuesto alcoholismo, a Enrique Peña Nieto el mismo López le pedía que hiciera público su estado de salud y le pedía que entregara la renuncia… ¿Por qué tendría que ser diferente ahora?

Ayer en su columna el periodista Salvador García Soto, quien en el pasado advirtió sobre el pacto de impunidad entre Peña y López, refirió que sus fuentes le dicen que el presidente habría llegado al Hospital Central Militar con el diagnostico de infarto, obviamente un cateterismo no es un procedimiento de rutina y aunque se empeñen en la presidencia que todo va bien, al presidente se le ve cansado. Insisto, la salud del presidente debe ser pública y no un secreto como en los tiempos del PRI… Pero mejor ahí la dejamos.

Entre Palabras

Otro periodista asesinado. Roberto Toledo periodista del portal Monitor Michoacán, fue asesinado a balazos en el municipio de Zitácuaro. ¡No tienen madre!

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Hasta la próxima.