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Palabras Más / ¡Diplomacia improvisada!

Fingir, realmente hago lo que hago:

por lo tanto, solo he fingido fingir.

Jacques Derrida

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Los que hoy están en el poder ya no esconden sus gustos ni su admiración por figuras latinoamericanas que rayan en lo controversial por haberse convertido en dictadores o, simplemente, porque traicionaron a quienes los llevaron al poder y terminaron volviéndose contra sus propios pueblos, a los que sumieron en la pobreza y la marginación a punta de demagogia y discursos antiyanquis. Ahí están Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega y una larga lista.

Quienes trabajan en el cuerpo diplomático de México deberían ser una élite: los mejores perfiles para representar al país ante el mundo, con honestidad, ética y sentido común. Pero eso, como en muchos otros frentes, la 4T también lo ha devaluado. Por ejemplo, tras las declaraciones del nicaragüense Daniel Ortega de que en su país ya no volverán a celebrarse elecciones democráticas, lo esperable habría sido una nota diplomática de la embajada de México expresando preocupación o condenando esa decisión. En cambio, llegaron las felicitaciones.

Por eso lo repito: les gana la admiración y dejan de lado la institucionalidad que debería imponerse. Esa postura no representa el pensamiento de todos los mexicanos, sino el de quienes comparten esa visión ideológica. Incluso contradice lo que constantemente sostiene Claudia Sheinbaum: que es presidenta de todos los mexicanos y que su gobierno es democrático. O no la escuchan o simplemente no le hacen caso.

Ya sabemos que se escudan en la autodeterminación de los pueblos y en el principio de no intervención, pero lo aplican a conveniencia. Así hubo aplausos para un dictador que ha perseguido a opositores, encarcelado a adversarios, cerrado medios de comunicación y expulsado a religiosos y organizaciones civiles que resultan incómodos para el régimen.

Esos son los resultados de convertir las embajadas y los consulados en moneda de cambio político. Quien hoy ocupa la representación de México en Nicaragua, Guillermo Zamora Villa, no llegó por méritos de la carrera diplomática. Se trata de una designación realizada por Andrés Manuel López Obrador, un premio otorgado en 2022 por haberse desempeñado como formador de cuadros de Morena y por sus aportaciones en textos de corte ideológico. Además, cursó estudios en la Escuela de Cuadros del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1974 y 1976.

Así funciona Morena. Los cargos importantes y delicados no siempre son ocupados por los más preparados o por quienes tienen las mejores credenciales, sino por quienes demostraron un 90 por ciento de lealtad y apenas un 10 por ciento de capacidad, como tantas veces presumía el Pejelagarto.

Los morenistas convirtieron a la diplomacia en una extensión del partido gobernante y dejaron de entenderla como una auténtica política de Estado. Dejaron de representar a México para terminar aplaudiendo a los dictadores… pero mejor ahí la dejamos.

Entre Palabras

¡Qué bonito baila Rocha Moya…!

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Hasta la próxima.