Es imposible que un hombre que
goza de libertad imagine lo que
representa estar privado de ella
Truman Capote
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Desde hace mucho la oposición política está fuera de la jugada, así que Morena puede hacer lo que le venga en gana; bueno, lo ha hecho. Ahora que tienen la Reforma Electoral en puerta y la posibilidad de que no sea aprobada, el obstáculo no pasa por el PAN ni por el PRI, sino por los verdes y los petistas, que están vendiendo caro su amor, y por la misma inconformidad hacia dentro de las filas guindas. La oposición sigue reducida a su mínima expresión.
Arrastran el desprestigio y la falta de credibilidad por sus yerros de décadas. A pesar de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue pésimo, ni así levantan. Eso sí, sus dirigentes hacen cuentas alegres y dicen que están mejor que nunca y que van a ganar las próximas elecciones. Lo mismo pensaron en 2024 y Claudia Sheinbaum les ganó por algo así como 36 millones de votos.
Y cuando se habla de la construcción de nuevos partidos, salen los mismos nombres: los que perdieron el registro, los que se fueron de un partido porque ya no eran necesarios o quedaron fuera de las cúpulas; hasta aquellos que impulsaron al Pejelagarto y al final quedaron fuera de la repartición. Con este gobierno, la presión de Estados Unidos, el avance del narcotráfico y las equivocaciones acumuladas, era para que hubieran recuperado algo de lo perdido. Pero tampoco. Solo es mediático, solo son ruidos; no les alcanza para incidir en la toma de decisiones.
¿Cómo creerles a los priistas que, luego de más de 77 años en el poder, ahora sí van a salvar a México? Ahí quedan para la historia la represión del 68 y del 71, las devaluaciones y el llanto del “perro”, la inacción gubernamental ante el terremoto de 1985, el error de diciembre del 94. Regresaron en 2012 con el “nuevo PRI” y así nos fue: corrupción obscena en la administración de Peña Nieto. En su defensa se puede decir que construyeron instituciones, pero ya no alcanza para recuperar credibilidad, mucho menos para enamorar a las nuevas generaciones.
¿Y cómo creerles a los panistas que van a pacificar al país, cuando fueron ellos quienes iniciaron el desastre con la guerra de Felipe Calderón? Ellos llamaron “daño colateral” a las víctimas, luego abandonaron a las madres buscadoras, siempre con soberbia. En eso tienen razón los morenos cuando recuerdan a Genaro García Luna, sentenciado en Estados Unidos. Va de nuevo: ¿cómo recuperar esa credibilidad?
Los escándalos van desde las toallas de tres mil pesos en el sexenio de Vicente Fox, hasta el sobreprecio en obras inútiles como la Estela de Luz con Calderón; la “Casa Blanca” de Peña Nieto y su entonces esposa; la “Estafa Maestra”; el “cártel inmobiliario” y muchos más.
En nada ayuda el caso de la panista Maru Campos y su mansión de 31 millones de pesos. Se suma a una cadena de episodios que han erosionado la confianza en figuras que pretendían representar una nueva etapa para la oposición. Lo preocupante no es solo el escándalo en sí, sino la reacción: negaciones automáticas, explicaciones incompletas y la apuesta a que el tiempo diluya la indignación pública.
Si quieren volver a ser opción, tendrán que empezar por algo elemental: limpiar la casa, romper con las viejas prácticas y entender que la confianza no se decreta, se construye y hoy están muy lejos de lo que fueron… pero mejor ahí la dejamos.
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