
Bernardo López
No nos equivocamos cuando aseveramos que el atentado que sufrió el entonces candidato republicano Donald J. Trump, en la localidad de Butler, Pensilvania, era un punto de inflexión en la historia mundial, pues en ese evento se pudo apreciar que había dos caminos a seguir: el sentido común como paradigma o el dominio de las ideas de los progres.
Es primordial que en esta época los países utilicen toda su inventiva diplomática y de relaciones internacionales, porque la reconfiguración geopolítica del mundo va en serio, luego del evento en Venezuela, que tuvo como desenlace la sustracción del entonces presidente Nicolás Maduro y de su esposa, para ser enjuiciados en Estados Unidos.
Los actores, como en el caso de México, mantienen una intensa actividad. La presidenta Claudia Sheinbaum entabla reuniones, como el caso de la visita de la gobernadora general de Canadá, Mary Simon, para fortalecer los lazos, en la víspera de la renegociación del TMEC. Diálogo que comenzó con el primer ministro Mark Carney, en septiembre pasado. Ambos países requerirán una estrategia conjunta para poder lograr un acuerdo con Estados Unidos.
No es ocioso que los dos países cuenten con un escenario que les permita salir beneficiados si se da la desaparición del TMEC, pues el mismo primer ministro de Canadá acepta que existe un “punto de inflexión, para Canadá y para el mundo”. Asevera que hay una “ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno”.
En su discurso, en el Foro Económico Mundial, Carney calificó el antiguo orden mundial -que se configuró después de la Segunda Guerra Mundial- como un sistema “basado en normas […] parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima”.
Por otra parte, es importante señalar que la relación México-Estados Unidos es indisoluble, pues a pesar de los obstáculos que enfrentan, las importaciones de bienes provenientes de México hacia Estados Unidos alcanzaron un máximo histórico de 48.5 mil millones de dólares en octubre de 2025. Esta cifra representó el 17.7% del total de las importaciones estadunidenses, estableciendo también una máxima proporción histórica. Con estos resultados, México superó ampliamente a otros socios comerciales clave como Canadá (11.3%) y China (8.7%) durante el mismo mes.













