Enrico A. Ruiz
Un nuevo estudio ha descubierto que las aves migratorias pueden leer y “montar” sobre los patrones en el viento para atravesar el mar. Para lograr esto, investigadores de la Universidad de Lund en Suecia conectaron rastreadores GPS (Global Positioning System, por sus siglas en inglés) a cinco especies diferentes de aves migrantes. Encontraron que el viento era la mayor fuerza que sustentaba a los animales en sus vuelos sin escalas alrededor del globo. Los hallazgos sugieren que los costos energéticos de cruzar el mar para las aves en vuelo podrían al menos parcialmente aliviarse con las corrientes ascendentes de ultramar. Esto puede tener consecuencias importantes para la configuración de las rutas, el tiempo y las estrategias de las aves que cruzan las barreras ecológicas. Solo recientemente hemos comenzado a comprender realmente cuán vasta puede ser la migración de las aves. El uso del biomonitoreo (biotracking, por sus siglas en inglés) nos ha permitido descubrir que los pájaros diminutos, como el vencejo común (Apus apus), pueden volar 10 meses seguidos sin tocar el suelo ni una sola vez. No, no leyó mal, ¡10 meses seguidos! Algunos investigadores han descubierto que las aves terrestres de gran tamaño pueden utilizar vientos de cola horizontales para llevarlas a lo largo de su ruta y ahorrar energía. Pero muy pocos estudios han encontrado lo mismo para los vientos verticales, que también podrían mantener a flote a las aves migratorias. Gracias al desarrollo de etiquetas electrónicas en miniatura (electronic tags, por sus siglas en inglés), los investigadores han descubierto que el vencejo común puede permanecer en el aire durante 10 meses seguidos sin tocar el suelo.
Los científicos han sospechado durante mucho tiempo que los vencejos pasan también mucho tiempo en el aire, pero ahora tenemos pruebas, gracias a la tecnología de registro de datos instalada y recuperada de un grupo de 13 vencejos. Sus movimientos fueron monitoreados a lo largo de dos años. Tres de las aves no aterrizaron durante 10 meses, según el equipo de la Universidad de Lund en Suecia. Toman un descanso durante dos meses para disfrutar de la temporada de reproducción, y luego vuelven a estar en el aire. Este descubrimiento empuja significativamente los límites de lo que sabemos sobre fisiología animal, según uno de los miembros del equipo de investigación, Anders Hedenström. Una fase de vuelo de 10 meses es la más larga que conocemos de cualquier especie de ave: es todo un récord. Los diminutos y livianos dispositivos instalados en la parte posterior de los vencejos pudieron informar si las aves estaban en el aire, qué tan rápido estaban acelerando y su ubicación actual. Incluso las aves que se tomaron unas vacaciones rápidas en el suelo permanecieron en el aire durante el 99.5% de su período de migración. Los dispositivos que usó el equipo pesaban menos de 1 gramo y tenían sensores de luz instalados. Al hacer coincidir las horas de salida y puesta del sol con la luz registrada, los investigadores pueden averiguar dónde han estado las aves. El equipo también descubrió que las aves que permanecieron en el aire durante casi todo el año habían mudado y habían ganado nuevas plumas de vuelo en las alas y la cola mientras estaban en el aire.
Ahora que Hedenström y su equipo han identificado cuánto tiempo pueden permanecer estas aves en el aire, la siguiente pregunta es: ¿cómo lo hacen? Se necesita mucha energía para mantenerse en el aire y también está el problema de cómo duermen las aves, si realmente necesitan dormir. «Pueden hacer como las fragatas (Fregata magnificens) y dormir mientras se deslizan», explicó Hedenström. Aunque aún existen muchas dudas sobre la fisiología y las capacidades naturales de las aves, las nuevas tecnologías permiten entender que hemos subestimado a estos y otros animales en cuanto a sus capacidades físicas.