- Andrés Manuel se presentó a celebrar sus triunfos pírricos, mientras la muerte y la sangre han pintado de rojo y luto a México
Elena Cárdenas
Todos los derechos fundamentales en el mundo fueron inscritos, en la mayor parte del mundo, por un pacto social cuyo principio fundamental tiene el objetivo de preservar la vida y con ella sus derechos. Sin pudor alguno, el 1 de Julio pasado, Andrés Manuel se presentó a celebrar sus triunfos pírricos, mientras la muerte y la sangre han pintado de rojo y luto a México. No basta cargar en sus manos la muerte violenta de 156 mil 136 hombres y mujeres contados como “homicidios dolosos” a consecuencia de su política “abrazos, no balazos”, también debemos contabilizar a los más de 150 periodistas y activistas acribillados; los mil 600 niños muertos por cáncer por la falta de medicamentos, más de 13 mil feminicidios, y más de 333 mil muertos por el pésimo manejo de la pandemia de COVID 19.
Más de 483 mil 886 personas, hombres y mujeres, han muerto por la falta de capacidad de un presidente que ha sido capaz de burlarse de las masacres ocurridas en nuestro país.
A 55 meses de asumir su mandato, con esta cifra, que no es total, debido a que faltaría el dato de mujeres con cáncer, muertas debido a la falta de atención y medicamentos que se les quitó al desaparecer el FUCAM, y a enfermos con sida que tampoco tienen acceso a medicinas, el dato es alarmante, mensualmente murieron 8 mil 797.9 personas, es decir, diariamente fallecieron 293.26 mexicanos, lo que arroja una cifra de 12.21 hombres y mujeres cada hora desde que Andrés Manuel juró hacer valer la constitución, que le exige combate serio a la inseguridad y con ello a la delincuencia organizada y garantía de servicios médicos para todos los mexicanos.
Entre esos homicidios dolosos se cuenta el reciente asesinato de Hipólito Mora, un empresario michoacano que, ante la falta de respuesta de las autoridades, encabezó el movimiento de las auto defensas, criticado, por supuesto, por el gobierno, pero que reflejaba la desesperación no de Hipólito, sino de muchos empresarios y michoacanos que eran extorsionados por la delincuencia organizada que hoy tanto “apapacha” Andrés Manuel. Hombres y mujeres que decidieron, a falta de apoyo gubernamental, defenderse de quienes los secuestraban, violaban a las mujeres, quemaban propiedades o les quitaban las escrituras de sus tierras.
Hace un par de meses, ante la complacencia del presidente y del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, con la delincuencia organizada, Hipólito Mora declaró: “A mí me queda poco tiempo aquí…yo no llego vivo a Navidad”. De la misma manera vio su muerte la reportera Lourdes Maldonado, ambos, ella e Hipólito, evidenciaron el encubrimiento y la podredumbre de un gobierno que se olvida de los ciudadanos y protege a los delincuentes.
Ramírez Bedolla, relacionado con el narcotráfico, pretendió hacer pasar a Hipólito Mora como un transgresor de la ley y a las auto defensas como un grupo armado, al estilo de su jefe Andrés Manuel.
Los homicidios dolosos, 156 mil 136 hombres y mujeres, contabilizados a mayo de 2023, tienen diversas aristas que también deberían preocuparnos, primero, la gran impunidad que hay en el país y segundo la orfandad de miles de niños y niñas que no son atendidos por el Estado como víctimas.
Esos hombres y mujeres han muerto por la complacencia del gobierno a la delincuencia organizada, que no solo no ha sido combatida, sino que ha participado, con su fuerza, en elecciones, y va ganando territorios a nivel nacional.
En el tema del COVID, la pandemia no pudo ser detenida por ninguna de las recomendaciones del Presidente: tener tranquilidad, no ser corrupto, no usar cubre bocas, abrazar a la gente, sacar a la familia a comer a la calle, o llevar en la bolsa o en la cartera la estampita del “detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”. Esa mala estrategia arrojó, hoy en día 333 mil 961 muertos, hombres y mujeres que también dejaron niños en la orfandad.
Con un sistema de salud colapsado por el “austericidio” republicano, mala distribución de medicamentos, escases de medicamentos para niños con cáncer y enfermos de VIH (SIDA); médicos, enfermeras y personal de intendencia insuficientes, y un INSABI ineficiente, discrecional y opaco, México se puso en el ojo del huracán por el manejo errático y hasta criminal de la pandemia por COVID-19. Un informe encargado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), asegura que México fracasó en su respuesta. (globalhealthsciences, 2021). De acuerdo con los datos de la OMS la falta de pruebas implicó subdiagnósticos que pudieron evitar 190 mil muertes.
Lamentablemente la pandemia fue usada de manera política, de ello dan cuentas innumerables notas periodísticas y el propio informe encargado por la OMS que revela que: Históricamente, todas las vacunas en México han sido administradas por trabajadores de la salud. Para la vacunación del COVID-19; sin embargo, el Presidente de México ordenó que las vacunas fueran administradas por las brigadas comandadas por los “servidores de la nación”, una estructura integrada por 23 mil seguidores políticos de Morena, el partido político en el poder…A las sospechas sobre el posible uso político de la campaña de vacunación, se suma el hecho de que los “servidores de la nación” han solicitado la credencial de elector a los beneficiarios, misma que es fotografiada, junto con una foto de la persona al ser vacunada. Toda esta información se remite a una base de datos del gobierno. Un diputado de un partido de oposición denunció al Gobierno Federal por el uso electoral del programa de vacunación. (OMS, 2021).
De los mil 600 niños muertos por cáncer ante la falta de medicamentos, solo podemos decir, que sus padres no son golpistas, como lo refirió Hugo Gatell en un momento de cobardía. Sus padres son hombres y mujeres que han recurrido a todas las estrategias en un momento desesperado, pero que no han logrado que el presidente los escuche y los atienda, ¡ah, claro!, la no primera dama dirá que su esposo no es doctor para hacerlo, simplemente es el presidente de una nación que colapsa.
Las obras emblemáticas de Andrés Manuel, que hasta el momento son elefantes blancos, han recibido presupuestos millonarios, mientras que la seguridad y la salud de los mexicanos ha tenido que esperar, en un país que se convierte en un enorme charco de sangre por la violencia y la falta de la tan esperada atención médica a nivel de Dinamarca. Pero esa austeridad no aplica a Andrés Manuel, a su familia y a sus colaboradores cercanos, para ellos han sido los mejores hospitales y la mayor seguridad para preservar su vida, la misma vida de los mexicanos que está en vilo cada hora, debido al 90 por ciento de “honestidad” y 10 por ciento de capacidad de un gobierno al que la delincuencia organizada se le salió de las manos y los servicios médicos jamás dan respuesta oportuna. Por eso, es imperante recordar que, desde que Andrés Manuel López Obrador asumió el cargo como presidente, cada hora han muerto más de 12 hombres y mujeres que anhelaban otro futuro para este país.













