Enrique Escobedo

Los datos aproximativos que informa el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública es que el promedio diario de muertes por homicidio en México es de 70. Lo cual significa que en los primeros ocho meses de la gestión de Claudia Sheinbaum la cifra asciende a 16 mil 800 mexicanos asesinados. Si multiplico esa cifra por tres familiares de cada uno de los asesinados alcanzo el terrible número de 50 mil 400 personas que guardan luto.

Por supuesto que mis multiplicaciones y sumas pueden variar. La cifra es tal vez un poco menor. Pero no son estadísticas de lo que hablo, aludo a seres humanos y a su duelo. Son padres, madres, hijos e hijas que han perdido familiares debido a la violencia que reina en México. Pero aun, si usted amable lector multiplica la cifra de 200 mil asesinados que es en número redondos la herencia de asesinatos durante el sexenio del expresidente López Obrador el resultado es de 600 mil personas enlutadas, más las 50 mil 400 del actual, el resultado es que 650,400 mexicanos que guardan luto desde que Morena nos gobierna.

Enterarse de manera intempestiva de la pérdida de un ser amado por homicidio es algo que no le deseo a nadie. Es un dolor que se lleva en el alma y que en silencio nos habla de una vida truncada y sin esperanza, pues es el dolor y el sufrimiento embargan a las familias. Es la ausencia de alguien que no se fue dócilmente y cuyos recuerdos están presentes.

La política de “abrazos y no balazos” fue catastrófica. Ahora Claudia Sheinbaum, discretamente la hace de lado y al alejarse, quiérase o no, reconoce que el Estado tiene la responsabilidad de la paz en el territorio nacional. Sabe que cerca de una tercera parte del territorio nacional lo domina el crimen organizado, que la ley del Talión confronta a mexicanos, pues la ausencia de la impartición de justicia es una realidad. Sabe que la búsqueda de desaparecidos es un asunto de amor, ya que son familiares desesperados que no saben acerca del destino de sus seres queridos. Ya sabe que combatir las causas de la criminalidad es importante, pero que la estrategia es que simultáneamente se actúe con determinación de estadista y no de hermana de la caridad.  

México está de luto y el color negro se mancha de sangre. De ahí que los discursos de poco sirven. La prevención del delito y el simultáneo combate son los dos lados de la pinza que se requieren a fin de dar resultados de gobierno en ese rubro. Pero gobernar es algo más. Es atender las demandas y necesidades sociales en materia de servicios tales como alimentación, salud, educación y trabajo. También es crecimiento económico y desarrollo sostenible y sustentable sin descuidar el impulso a la infraestructura. Ergo, trabajar para una nación demanda un perfil de personas servidoras públicas competentes, honestas, responsables y calificadas. Lo cual significa que va más allá de un concurso de “señorita simpatía”.

De no lograr un buen gobierno, el luto crecerá y su sombría tristeza habrá de menguar en el ánimo de las personas. Yo no veo, ni puedo ver a un pueblo feliz cuando poco más de medio millón de mexicanos llevan quebranto y dolor.

No son las cifras lo que me conmueve e indigna. Lo que me molesta es la frivolidad gubernamental y que nos digan que vamos bien, que somos una de las naciones más democráticas del mundo y que el segundo piso que se construye será similar al pasado.