Enrique Escobedo

No soy economista y, como cualquier otra persona me interesa el tema. De ahí que leo algunos de los artículos cotidianos en la materia y trato de comprender los oráculos acerca del crecimiento económico de mi país. Es interesante que ya ni el oficialismo está muy optimista acerca del cierre del presente año. El consenso es que el expresidente López Obrador dejó una economía sostenida con débiles alfileres. Su herencia en materia de finanzas públicas es un vacío desalentador disfrazado de oropeles y falacias. La deuda que lega es apenas manejable y peligrosa. En fin, el tabasqueño, personaje muy afecto a mentir, se fue y deja un problema económico-administrativo que tomará tiempo remediarlo.

Son oráculos que presagian tormentas que afectarán la calidad de vida de los mexicanos. Fenómenos económicos que se agudizarán con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, ya que en esa nación los presagios económicos tampoco están claros. Más bien se avizoran nubarrones debido a que redefinir el rumbo de su política económica mediante el regreso al proteccionismo no necesariamente es la solución. De hecho, los expertos son pesimistas respecto a la decisión trumpiana.

La economía es un asunto importante, pero no el único. La política binacional entre México y los Estados Unidos cada día se tensa más, en gran medida debido a la animadversión del presidente yankee en contra de nuestra nación. Lo cual envuelve de prejuicios el posible entendimiento y consecuentes posibles soluciones en materia de comercio, migración y trasiego de estupefacientes.

Por lo que respecta a la política de seguridad pública que la presidenta mexicana aplica, se aprecia un cambio de giro respecto a su antecesor. Pero lo hace con timidez y discrecionalmente. Lo cual significa que lo hace a fin de no incomodar a su mentor. Tema delicado, pues se entreve el Maximato que ella niega, pero que la realidad la desdice.

Los oráculos en materia de salud y educación también tienden al fatalismo. Las pitonisas han hablado y señalan flaquezas estructurales que potencialmente harán crisis. Son un problema cuantitativo y cualitativo que Sheinbaum Pardo simplemente los atiende postergándolos. Más aun, el titular de la secretaria de Educación Pública brilla por su ausencia. Por el otro lado, el responsable de la política de salud ya externó sus dudas de alcanzar eficacia ante la falta de presupuesto por parte de la secretaría de Hacienda y, por lo visto, ya lo sentaron.

Los expertos en economía y administración pública no cooptados por el régimen hablan y nos dicen que no es necesario acudir a la ciudad de Delfos a fin de consultar acerca del futuro inmediato de nuestro país. Ellos ya analizaron y nos advierten en voz alta acerca de una agudización de problemas, pero no son escuchados en el Palacio Nacional. La arrogancia y prepotencia de la clase gobernante es manifiesta e incluso grotesca. La presidenta Sheinbaum y su grupo de radicales ven a los críticos a sus políticas como traidores a la patria y somos estigmatizados de neoliberales, conservadores y fifís. 

No es un requisito indispensable gobernar escuchando a la oposición, pero es recomendable poner atención de vez en cuando a sus argumentos. He hablado de los oráculos como una metáfora, pero se trata de una realidad que nos advierte acerca del rumbo decidido por la actual gestión. La insensatez es mala consejera y pésima mentora. En otras palabras, quedan diez meses del año y no se advierte que vayamos a mejorar.