René Acuña

En San Agustín Metzquititlán comienza a consolidarse una percepción que no favorece precisamente al alcalde Germán Hernández Pérez. Para una parte de la población, el presidente municipal parece más concentrado en recorrer eventos sociales que en atender los problemas que enfrentan las comunidades del municipio.

Es insoslayable. A Germán Hernández parece fascinarle la vida pública, los encuentros políticos, las reuniones sociales y cualquier escenario donde exista la posibilidad de aparecer. Sus críticos ya lo describen como el clásico «ajonjolí de todos los moles»: siempre presente, siempre visible y siempre dispuesto a ocupar un espacio bajo los reflectores.

El ejemplo más reciente ocurrió durante un acto relacionado con la toma de protesta vinculada al nuevo esquema del Poder Judicial y la Suprema Corte de Justicia de la Nación en Hidalgo. Ahí estuvo el alcalde metzquititlense, saludando a funcionarios, invitados especiales y asistentes. Sin embargo, pese a sus intentos por hacerse notar entre los presentes, su presencia pasó prácticamente inadvertida. Saludó, recorrió el lugar y buscó integrarse a la dinámica política del evento, pero terminó siendo un asistente más en un escenario donde los protagonistas eran otros.

La escena fue comentada por más de uno. Porque cuando un alcalde parece más preocupado por estar presente en todos los eventos posibles que por concentrarse en la administración municipal, inevitablemente surgen cuestionamientos.

Y si el episodio anterior llamó la atención, el cumpleaños del alcalde de Huejutla tampoco pasó desapercibido. Ahí, Germán Hernández dejó por un momento la investidura institucional para sumarse al ambiente festivo con entusiasmo. Entre brindis y convivencias, hubo quienes recordaron sus viejos tiempos de dirigente estudiantil, cuando la operación política y la presencia constante en grupos de influencia formaban parte de su carta de presentación.

La imagen de un alcalde cómodo entre festejos y reuniones contrasta con la realidad que enfrentan diversas comunidades de San Agustín Metzquititlán, donde las carencias en servicios, infraestructura y atención gubernamental continúan siendo parte de la vida cotidiana. Y es precisamente ahí donde surge la crítica más recurrente: mientras los problemas siguen esperando soluciones, la agenda social del presidente municipal parece mantenerse más activa que nunca.

El pasado político de Germán Hernández ayuda a explicar parte de esa forma de hacer política. Su trayectoria comenzó en la vida estudiantil, donde fue dirigente de la Preparatoria Uno de Pachuca durante los años de mayor influencia del grupo encabezado por Gerardo Sosa Castelán. En aquella etapa mantuvo cercanía con una de las estructuras de poder más influyentes que ha tenido Hidalgo en las últimas décadas.

Posteriormente militó en las filas del PRI, desde donde buscó construir su carrera política. Sin embargo, conforme cambiaron los tiempos y las circunstancias, también cambiaron las lealtades. Terminó incorporándose al movimiento guinda que finalmente lo llevó a ocupar la presidencia municipal de San Agustín Metzquititlán.

Para sus detractores, más que una evolución ideológica, esa trayectoria refleja una constante adaptación a los grupos políticos dominantes de cada época. Primero bajo la influencia universitaria, después bajo las siglas del PRI y finalmente bajo el paraguas de Morena.

A este escenario se suman cuestionamientos que han surgido desde el propio interior del ayuntamiento. Integrantes de la asamblea municipal han planteado dudas sobre presuntas irregularidades administrativas y sobre la integración de la nómina municipal. Son señalamientos que permanecen sin disiparse completamente y que continúan alimentando la exigencia de mayor transparencia en el manejo de los recursos públicos.

Las acusaciones han alcanzado incluso a la administración encabezada por Germán Hernández Pérez, particularmente en lo relacionado con la claridad de la información financiera y la falta de respuestas contundentes ante diversos cuestionamientos realizados dentro de la propia asamblea municipal. Y en política, cuando las explicaciones no llegan con oportunidad, las dudas suelen crecer por sí solas.

Por eso la discusión en Metzquititlán ya no gira únicamente en torno a la presencia social del alcalde. También se relaciona con la percepción de una administración que parece privilegiar la imagen sobre los resultados y los eventos públicos sobre la rendición de cuentas.

Porque las fotografías terminan guardadas en los archivos. Los aplausos se extinguen. Los festejos concluyen. Pero las necesidades de las comunidades permanecen.

Y mientras Germán Hernández continúa recorriendo foros, reuniones y celebraciones, cada vez son más los ciudadanos que se preguntan si el alcalde está gobernando para resolver los problemas de Metzquititlán o simplemente para mantenerse en el centro de la escena.

(Columna publicada en www.abcnoticias.com.mx  y en la revista nacional IMPAR),