Fernando Moctezuma Ojeda – @FerMoctezumaO
En el umbral del Día Internacional de la Mujer, que conmemoramos cada 8 de marzo, nos enfrentamos a la imperiosa necesidad de reflexionar sobre las deudas históricas que el Estado mexicano aún mantiene con las mujeres, –entendiendo el concepto de ‘Estado’, como el conjunto de territorio, sociedad y gobierno–.
A pesar de los avances en materia legislativa y social, la realidad nos muestra que persisten desafíos significativos que requieren una atención urgente y decidida.
Un ejemplo de ello es la violencia digital, una forma insidiosa de agresión, se ha convertido en una triste realidad para un número alarmante de mujeres en México. Según datos proporcionados por ONU Mujeres, en el año 2023, aproximadamente el 38 por ciento de las mujeres en nuestro país experimentaron algún tipo de violencia digital; desde el acoso en línea, hasta la difusión no consensuada de imágenes íntimas, violencias que vulneran los derechos más fundamentales de las mujeres y perpetúan dinámicas de poder desiguales en el ciberespacio.
Es fundamental reconocer que la exclusión tecnológica profundiza las brechas de género en el acceso a oportunidades y recursos en el mundo digital. La falta de acceso a la tecnología y la alfabetización digital limita las posibilidades de desarrollo personal, educativo y laboral de las mujeres, contribuyendo a perpetuar la desigualdad de género en nuestra sociedad.
Por otro lado, es crucial reconocer y respetar la diversidad de experiencias y elecciones de las mujeres en cuanto a la maternidad. El término «NoMo», que hace referencia a mujeres que optan por vivir fuera del tradicional rol de la maternidad, nos invita a reflexionar sobre la urgencia de respetar y reconocer la autonomía de las mujeres sobre sus propias vidas y cuerpos. Esta elección, legítima y respetable, nos recuerda la importancia de desafiar las expectativas impuestas por la sociedad y de garantizar el derecho de cada mujer a tomar decisiones autónomas y libres de presiones externas.
Esta 8 de marzo, mujeres de todo el país y el mundo se unirán en una marcha contra la violencia de género, manifestando su indignación y demandando justicia e igualdad. Estas movilizaciones son un recordatorio contundente de la persistencia de la violencia machista en nuestras comunidades y la urgencia de tomar medidas concretas para erradicarla.
En este contexto, es imprescindible que el Estado mexicano asuma su responsabilidad en la protección y promoción de los derechos de las mujeres. Esto implica no solo la adopción de políticas públicas efectivas y la asignación de recursos adecuados, sino también un compromiso genuino con la transformación de las estructuras sociales y culturales que perpetúan la desigualdad de género, tanto en las esferas públicas como en las privadas, comenzando desde el interior de los hogares.
La deuda histórica con las mujeres persiste, pero la lucha también avanza. Es hora de que el Estado cumpla con su obligación de garantizar la seguridad, igualdad y justicia que todas las mujeres merecen. Solo así podremos construir una sociedad más justa y equitativa para todas y todos.
Y por favor: no las feliciten.














