Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como “Pelé”, nació en 1940 en una zona precaria del estado de Minas Gerais. Allí descubrió el fútbol a una edad muy temprana, y su progresión fue tan rápida, que debutó con el primer equipo del Santos cuando tan sólo tenía 15 años. Un año después, ya se había puesto la camiseta de la selección brasileña.
Ahí, O Rei rompió todos los récords. Se convirtió en el primer futbolista de 17 años en ganar una copa del mundo, tras vencer al equipo anfitrión sueco, al que le anotó 2 goles en la final del torneo. Ese fue el primer título mundial en sus vitrinas.
Cuatro años después, Pelé también integró el Brasil que repetiría éxitos en el mundial de Chile ’62. Segundo Mundial, y segundo título para el 10 de la canarinha.
El crack del Santos llevó a su equipo a ganar el torneo brasileño, la Copa Libertadores y la Intercontinental.
Esas son tres proezas que el astro y el Santos supieron repetir al año siguiente. Pelé ya era considerado el mejor de la época.
ver a Pelé jugar, era sorprendente. Su rapidez, su agilidad y su capacidad goleadora deslumbraban a un público que, hasta entonces, no había visto sobre una cancha a un futbolista igual.
Su olfato anotador era tal, que cuando todavía no había cumplido los 30 años, el astro alcanzó lo que nadie en la historia ha podido repetir de manera oficial: marcar su gol número 1000. En esta ocasión, ante el Vasco da Gama.
Ver a Pelé jugar, era sorprendente. Su rapidez, su agilidad y su capacidad goleadora deslumbraban a un público que, hasta entonces, no había visto sobre una cancha a un futbolista igual.
Su olfato anotador era tal, que cuando todavía no había cumplido los 30 años, el astro alcanzó lo que nadie en la historia ha podido repetir de manera oficial: marcar su gol número 1000. En esta ocasión, ante el Vasco da Gama.
El momento obligó al árbitro de aquel encuentro a parar el partido.
Con los mil goles en el bolsillo, el crack tenía al año siguiente un logro quizá aún más grande por alcanzar: convertirse en el primer futbolista en ganar tres mundiales.
Esto sucedió en México 1970, donde Brasil se quedó con la copa tras superar a Italia, sin perder o empatar un sólo partido. Pelé fue elegido como el mejor jugador del torneo, y además se quedó con un sobrenombre que lo acompañó por el resto de su vida: «O Rei».
Pelé fue un ícono en el mundo y un tesoro nacional para Brasil. Es por eso que su muerte ha sido capaz de detener a un país de más de 200 millones de habitantes.
Como él mismo ha dicho entre risas, nunca habrá otro Pelé. «Sería muy difícil que surja otro Pelé. Es que mi madre y mi padre ya han cerrado la fábrica».
Adiós a su majestad, adiós a O Rei.















